América Latina y el Caribe: pobreza estructural
En la pobreza, el populismo y el autoritarismo encuentran tierra fértil para crecer y afianzarse
El pasado 22 de agosto, el Consejo Permanente de la OEA aprobó el “Manifiesto contra la Pobreza en las Américas”, en el cual se pronunció a favor de una acción permanente para eliminar la pobreza en la región, identificándola como una problemática estructural que afecta a millones de personas en el hemisferio.
El aumento de la pobreza durante los últimos años obedece a una combinación de elementos negativos como la presencia de la pandemia de covid-19 y su impacto intersectorial, la reducción de las tasas de crecimiento económico, el aumento del desempleo y la inflación, que se suman al aumento punzante de la delincuencia, el crimen transnacional, el narcotráfico y la violencia. Todos estos factores han impulsado de forma paralela una ola migratoria sin precedentes en la región.
En este difícil contexto, más allá de las diferencias ideológicas, se hace indispensable que los gobiernos democráticos ofrezcan a sus ciudadan@s una canasta universal de servicios que contemplen las múltiples dimensiones de la pobreza, observando y garantizando el acceso a derechos esenciales como la vivienda, educación, salud y sistema de cuidados.
El manifiesto enfatiza en la necesidad de contar con una democracia fuerte, una institucionalidad estatal reforzada en sus capacidades, una ciudadanía participativa y un sector privado comprometido.
América Latina y el Caribe es la región más desigual del mundo. Como lo evidencia el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), 50% más pobre de la población se lleva 10% de los ingresos. Mientras el 10% más rico recibe 55% de los ingresos. Además, en términos de distribución de la riqueza, la concentración es mayor todavía, porque el 10% más rico acumula casi 80% de la riqueza; y, el 50% más pobre, tan sólo 1% de la riqueza.
Esta disparidad y concentración de ingreso y riqueza genera una persistente situación de pobreza en la región.
De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina (Cepal), en la actualidad 255 millones de personas en América Latina sufren de situaciones de privación en diversos ámbitos del bienestar considerados esenciales por las sociedades, que conllevan a una ausencia de capacidades colosal.
El problema estructural de la pobreza se vincula estrechamente con la calidad de nuestras democracias, porque se generan sociedades injustas, poco equitativas, carentes de pactos sociales mínimos e instituciones fuertemente afianzadas, dentro de las cuales se hace difícil encontrar acuerdos y consensos entre sus actores políticos, sociales y económicos.
En sociedades marcadas por la pobreza, las instituciones se encuentran debilitadas y no ofrecen soluciones que garanticen derechos y desarrollo. Precisamente, son las naciones afectadas por una creciente pobreza y exclusión social, aquellas que poseen indicadores deficitarios de desempeño democrático. En la pobreza, el populismo y el autoritarismo encuentran tierra fértil para crecer y afianzarse.
- BALANCE
El secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha señalado con razón que los efectos colaterales de la pobreza, como la inseguridad y la migración, generan una larga lista de problemas que se multiplican día con día.
Disminuir la pobreza sólo puede realizarse de forma colectiva y solidaria, ejerciendo mecanismos efectivos de cooperación regionales, potenciando experiencias, buenas prácticas y recursos, esto con el fin de convertirnos en una región más próspera e inclusiva, en donde tod@s, sin excepciones, tengamos derecho a una vida digna, democrática y libre.
*Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia
Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA.
