2024: recesión emocional

Terminamos 2024 con sentimientos encontrados. Por un lado, agradecidos por lo que hemos logrado y por el otro, ansiosos ante un futuro lleno de incertidumbre e interrogantes. Al concluir el superciclo electoral de 2024, ha quedado claro que los resultados en las urnas ...

Terminamos 2024 con sentimientos encontrados. Por un lado, agradecidos por lo que hemos logrado y por el otro, ansiosos ante un futuro lleno de incertidumbre e interrogantes.

Al concluir el superciclo electoral de 2024, ha quedado claro que los resultados en las urnas demuestran que nuestra convivencia social y política se ha tornado predominantemente emocional y está relacionada con el estado de ánimo de la gente, lo que se conoce como el humor social.

El humor social se puede definir como el estado de ánimo de una comunidad o sociedad; en función de esta circunstancia, se percibe, procesa e interpreta la realidad y la información, y afecta las decisiones que se toman en cuanto aceptación o rechazo de la comunicación, el modo de vivir y las aspiraciones.

Six Seconds, un organismo no gubernamental, presentó recientemente el estudio más grande a nivel mundial sobre inteligencia emocional de la última década.

El reporte denominado Estado del corazón 2024 incluye nuevos datos sobre inteligencia emocional, bienestar y recesión emocional. El estudio utiliza una muestra aleatoria de una población de 277 mil 610 personas, de 169 países, equilibrada por región geográfica, edad y género.

Según estos datos, hemos entrado en un periodo de recesión emocional mundial, que es un ciclo sostenido de agotamiento emocional, en donde las personas experimentan un bienestar emocional reducido, con niveles de motivación y empatía mínimos.

La inteligencia emocional a nivel global ha disminuido durante cuatro años consecutivos. En 2019, la inteligencia emocional disminuyó drásticamente y, si bien el ritmo de disminución se ha desacelerado, la tendencia persiste en la era de la pospandemia.

El estresante periodo de dos años, comprendido entre 2019 y 2021, acabó con las reservas de energía de las personas y desencadenó una epidemia de agotamiento. Los cinco primeros años de esta década (2020-2024) han estado marcados por la presencia de crisis multidimensionales e intersectoriales en todo el mundo, como la pandemia de covid-19, la guerra en Europa y el conflicto en Oriente Medio.

La desigualdad, la pobreza, la inseguridad, la violencia, la polarización y el fanatismo son factores que impactan de forma directa en la vida cotidiana de la gente y en su estado de ánimo, siendo las causas principales de que estemos viviendo un periodo de recesión emocional que puede extenderse indefinidamente o incluso salirse de control si no es atendido de forma urgente y efectiva.

Debemos reconocer que las respuestas institucionales no han sido suficientes frente a la magnitud de las amenazas y la rapidez con la que emergen nuevas problemáticas, por lo que el impacto en el ánimo social de la gente es evidente y preocupante.

Es incuestionable que el malhumor y el agotamiento emocional de las personas en el desarrollo de sus actividades cotidianas impacta negativamente en la confianza pública y la credibilidad institucional.

BALANCE

Estamos viviendo un escenario complejo, en donde el desencanto y la erosión democrática está presente, con una ciudadanía cada vez más estresada, ausente y dispersa. La tristeza y la apatía van ganando la batalla en un escenario complejo donde los más poderosos buscan imponer su agenda.

Necesitamos recuperar el ánimo social y la inteligencia emocional para afrontar los retos presentes y futuros, es urgente volver a la senda del optimismo. Como ha mencionado el secretario general de la OEA, Luis Almagro, debemos conseguir que la emocionalidad positiva prevalezca para acabar con la polarización en América.

Esta columna toma vacaciones. Regresamos el 14 de enero. ¡Felices fiestas!

* Los puntos de vista son a título personal.

No representan la posición de la OEA

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