Juicios sumarios

A diferencia de un juicio ordinario, figura central de nuestro sistema legal, el juicio sumario es un proceso vertiginoso, con plazos abreviados y etapas omitidas en favor de la urgencia y la inmediatez. Se actúa de manera expedita dispensando formalidades para acelerar ...

Francisco Guerrero Aguirre

Francisco Guerrero Aguirre

Punto de equilibrio

A diferencia de un juicio ordinario, figura central de nuestro sistema legal, el juicio sumario es un proceso vertiginoso, con plazos abreviados y etapas omitidas en favor de la urgencia y la inmediatez. Se actúa de manera expedita dispensando formalidades para acelerar un veredicto rápido.

En esta era de aceleración democrática, sin procedimientos legales de por medio, “los juicios sumarios online” se han puesto de moda. Se viene construyendo un ánimo social de “justicia instantánea” que busca castigar excesos, hacer públicas conductas inapropiadas o ilegales y sancionar con dureza a culpables que paguen en el acto por los pecados cometidos. 

Nadie está a salvo. Cuando se hace público que una persona famosa o un político de cualquier nivel o ideología ha cometido un desliz o conducta delictuosa, el “juicio sumario online” irrumpe en automático en las redes sociales.

Estos enjuiciamientos virtuales han mostrado ser implacables con las figuras públicas. El repudio del colectivo por la vía online no perdona. La sentencia inmediata en las redes pareciera tener más peso que la lenta sentencia legal que eventualmente pudiera producirse.

En algunos casos, la sentencia virtual de culpabilidad coincide con la sentencia formal. La irritación social surge cuando la verdad legal exonera a los supuestos culpables, generándose un sentimiento de impotencia y repudio colectivo.

En Estados Unidos la discusión sobre estos temas se ha avivado por el impacto de las acusaciones contra el reconocido productor de Hollywood, Harvey Weinstein. Este escándalo abrió una poderosa caja de Pandora   provocando un efecto dominó que ha afectado a otras celebridades.

Después de que las redes se incendiaran con el escándalo en referencia, ha salido a la luz una serie de acusaciones igualmente monstruosas contra otras figuras públicas: Matt Lauer, Kevin Spacey, Louis C.K., Charlie Rose, Roy Moore y Al Franken son parte de una larga lista que aún no termina de escribirse.

En la “sociedad líquida” en la que vivimos, constantemente recibiendo y produciendo información, nos ubicamos entre la espada y la pared al emitir juicios sobre temas controversiales. Nos encontramos entre dos opciones: tomar bandos y juzgar de forma expedita o emitir juicios después de evaluar hechos y meditar nuestra posición. Normalmente, prevalece la primera.

Los liderazgos políticos están sujetos a un escrutinio nunca antes visto. La tecnología ha derribado las barreras a la privacidad y los secretos de los poderosos se encuentran en riesgo permanente. La vara del juicio público se ha elevado exigiendo de la clase política un comportamiento ejemplar.

Balance

Ante la lentitud e ineficacia del aparato de justicia y los pobres resultados en la lucha contra la desigualdad, la corrupción y la pobreza de los aparatos públicos y privados, los ciudadanos del siglo XXI demandan mecanismos expeditos para castigar la soberbia, los abusos y las violaciones a la dignidad humana.

No es fácil nuestro nuevo rol de ciudadanos en línea. Por un lado, no podemos sacrificar principios y valores universales, pero tampoco podemos sumarnos mecánicamente a los linchamientos colectivos sin conocer los hechos y revisar el mayor número de puntos de vista posibles.

La solución está en volver la vista a nuestras instituciones fundamentales y dotar al aparato de justicia de los elementos necesarios para castigar todas las infamias y delitos que dan forma a una cultura de abuso de poder. Éste es uno de los grandes dilemas de la democracia de nuestro tiempo.

               

*Secretario para el Fortalecimiento  de la Democracia. Los puntos de vista son a título personal.  No representan la posición de la OEA.

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