#RelevoGeneracional

El 19 de septiembre de 2017, 32 años después de los horribles eventos de 1985, en una coincidencia cronológica macabra, la naturaleza nos recordó, con furia, su incontrolable poder. Sus fuerzas, que exceden controles y predicciones humanas. Fue el regreso a una ...

El 19 de septiembre de 2017, 32 años después de los horribles eventos de 1985, en una coincidencia cronológica macabra, la naturaleza nos recordó, con furia, su incontrolable poder. Sus fuerzas, que exceden controles y predicciones humanas. Fue el regreso a una pesadilla que ya creíamos superada.

Edificaciones de todo tipo se transformaron en tierra, acero y escombros. De un golpe se apagó la vida de seres queridos, de niños y adultos, de jóvenes y de viejos. La muerte no distinguió, irrumpió violenta arrasando todo a su paso.

Las escenas le dieron la vuelta al mundo en pocos segundos. A la distancia, por razones profesionales, lejos de mi hogar de siempre, mi celular explotaba con alertas y mensajes que me dejaron frío, derrumbado.

A mis 51 años las memorias de 1985 me regresan súbitamente al gran trauma que viví a los 20. Ahora, gracias a las redes sociales, la información llega como un torbellino cargado de verdades, de rumores, de mentiras. Lo mejor y lo peor en una sincronía nunca antes imaginada.

El pesimismo se asomaba como en 1985, sin embargo, entre la tragedia y el desamparo, surgió otra fuerza que ya conocíamos: la de la voluntad. Como antes, como siempre, los mexicanos, ante la adversidad, salimos adelante.

Las mismas redes que daban cuenta de la tragedia, en unos minutos se convirtieron en enormes cadenas de ayuda: la solicitud de donativos, las noticias sobre mexicanos que estaban siendo rescatados, la localización de los centros de acopio.

En el lugar de los hechos, miles de personas, mayoritariamente jóvenes, arriban para colaborar en las tareas de rescate y salvamento y con herramientas caseras o sus propias manos inician las labores de búsqueda y de auxilio. Son el relevo generacional de 1985. Son los jóvenes de 2017 armados de entusiasmo haciendo explotar las redes sociales.

Las redes son el reflejo del nuevo vínculo que se ha construido en territorio millennial. Para los jóvenes de esta etapa de la historia de México, Twitter y Facebook son espacio de ayuda, plataforma social de salvamento.

El Ejército y la Marina activaron los protocolos de emergencia y siguen coordinando las acciones. La sociedad civil se sumó como nunca y en pocas horas los centros de acopio se abarrotaron de algunos insumos necesarios para las tareas más prematuras.

Una imagen conmovió al mundo: la de una escuela con niños pequeños, que no consiguieron salvarse. México se cubrió de luto, pero con voluntad de iniciar un proceso de reconstrucción, no sólo material ,sino social, política y espiritual. De la tragedia ha renacido la esperanza.

La comunidad internacional se ha solidarizado: brigadas de rescatistas de lugares tan distintos como Japón y Honduras pusieron manos a la obra junto a las manos mexicanas, recordándonos que no estamos solos, que somos parte del mundo.

BALANCE

Quizá, quien mejor ejemplifica esta nueva generación, es una pequeña heroína, que sólo identificamos como Alejandra, de alguna escuela pública de Culiacán que, en una bolsa de plástico le envía, a otra niña, que nunca conocerá, un regalo con una conmovedora nota: “Te mando mi cobija de princesa para que no tengas miedo, ánimo”.

De esta tragedia, deberá emerger una nación vigorosa, responsable y activa. El terremoto de 2017, a diferencia del de 1985, encontró otro México. En las redes, los jóvenes se expresan con decisión, sin pedir perdón ni permiso. Son el relevo natural que atisba el futuro de un México más justo y solidario.  Somos más complejos y críticos. Pero aun en la diversidad seguimos unidos en los valores de la solidaridad y el humanismo.

               

* Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia.

Los puntos de vista son a título personal.

No representan la posición de la OEA.

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