Crimen y violencia: cáncer social
Un enorme privilegio ser parte de la plana editorial de Excélsior en su centenario. El estudio del BID Los costos del crimen y de la violencia: Nueva evidencia y hallazgos en América Latina y el Caribe apunta a que la región se ha ...

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
Un enorme privilegio ser parte de la plana editorial de Excélsior en su centenario.
El estudio del BID Los costos del crimen y de la violencia: Nueva evidencia y hallazgos en América Latina y el Caribe apunta a que la región se ha constituido en la zona geográfica más violenta del planeta, con una tasa de homicidios de 24 por 100 mil habitantes en 2015.
Lo anterior equivale a una tasa de homicidios cuatro veces mayor que la media internacional, en una región que sólo alberga al 9% de la población, pero que concentra un tercio de los homicidios en el mundo y en la cual varios países triplican el promedio regional, transformándose en verdadero cáncer social.
Esta tendencia coincide con lo indicado en el último Estudio Mundial sobre el Homicidio de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, según el cual, casi medio millón de personas (437,000) habían perdido la vida a causa de homicidios dolosos en todo el mundo en 2012.
De acuerdo con ese estudio, más de una tercera parte de éstos —un 36% de los homicidios— habían tenido lugar en el continente americano, 31% en África, 28% en Asia, mientras que Europa 5% y Oceanía 0.3% presentaron las tasas más bajas a nivel mundial.
La situación es paradójica si se toma en cuenta que la región tuvo grandes avances en materia política, económica y social durante la última década. Pese a ello, persisten niveles inusualmente altos de criminalidad y de violencia junto a fenómenos como el feminicidio, el crimen organizado, el narcotráfico y las pandillas juveniles, entre otros. A este panorama se agregan bajos niveles de efectividad de los sistemas de justicia penal, altas tasas de encarcelamiento y falta de enfoques preventivos sólidos.
Todo esto conlleva costos considerables que no sólo se extienden al sector público y privado, sino a todo el espectro de la población, con un impacto directo en la calidad de vida de sus habitantes y en la gobernabilidad.
Deben incluirse los costos de victimización en términos de pérdida de calidad de vida, el gasto de las empresas y los hogares en servicios de seguridad, el gasto público en el sistema judicial, la prestación de servicios policiales y la administración de prisiones, por nombrar algunos rubros.
El costo del crimen en los países de América Latina y el Caribe, según el estudio del BID, osciló entre un 2.41% y un 3.55% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2014. El tamaño de los costos relacionados con el crimen en América Latina y el Caribe es similar a lo que se gasta en infraestructura y es aproximadamente igual a la porción de los ingresos de la región que va al 30% más pobre de la población.
BALANCE
El crimen y la violencia destruyen el tejido social y ponen a prueba el funcionamiento del Estado de derecho al erosionar la confianza de los ciudadanos entre sí, así como la confianza entre los ciudadanos y sus autoridades e instituciones públicas.
Nuestro continente vive agobiado por la inseguridad y la delincuencia. La discusión de esa agenda se ha transformado, junto al desempleo, en uno de los temas centrales del debate y de las contiendas políticas.
El gran desafío es contar con políticas de Estado integrales en materia de seguridad que estén por encima de agendas partidarias y de los ciclos electorales. Es urgente construir un abordaje técnico que privilegie el enfoque preventivo, el fortalecimiento institucional, la información de calidad, la concertación multisectorial y la cooperación entre Estados.
* Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia.
Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA.