El melodrama energético
El diagnóstico sobre el futuro de nuestra industria petrolera es claro. La falta de inversión y el envejecimiento de la infraestructura han puesto a Pemex en una situación crítica. No obstante que en el sexenio pasado se llevaron a cabo algunas reformas en el sector, el ...

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
El diagnóstico sobre el futuro de nuestra industria petrolera es claro. La falta de inversión y el envejecimiento de la infraestructura han puesto a Pemex en una situación crítica. No obstante que en el sexenio pasado se llevaron a cabo algunas reformas en el sector, el atractivo de inversión para los capitales extranjeros sigue siendo insuficiente.
Desde su campaña, Enrique Peña Nieto señaló sin titubeos que de ganar la contienda buscaría modernizar el sector energético, descartando la venta de activos y manteniendo a la empresa paraestatal como el eje de la exploración y producción de petróleo.
Los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón compartieron una versión parecida a la que sostiene el actual gobierno. En este tema, las coincidencias entre el PAN y el PRI son relevantes. A pesar de los matices, ambas fuerzas han decidido que el capital privado es indispensable para garantizar que México siga siendo una potencia petrolera.
En sus diversas presentaciones, la izquierda sigue atada al modelo petrolero de los años setenta. Con un discurso arcaico y poco funcional, los opositores a la modernización del sector energético se movilizarán en las próximas semanas, sabedores que esta lucha representa el corazón de su identidad.
Los argumentos de la izquierda parlamentaria y popular son vistos como planteamientos disfuncionales. Incluso Brasil, Venezuela y hasta Cuba han encontrado fórmulas para incorporar al capital privado como un mecanismo para participar en el mercado petrolero en medio de la fiera competencia y la globalización.
Los opositores al proyecto energético del PRI han ido construyendo una crónica pública que busca dramatizar la aprobación de esta reforma, creando un melodrama digno de telenovela. El “plot” de la historia es que la Nación será “despojada” vilmente de sus menguadas riquezas mientras un grupo infame de “buitres” del capital internacional aprovechan la situación para “mancillar” a la joven doncella.
Es natural que el presidente Peña Nieto busque negociar con el PAN una reforma que sea creíble y ambiciosa. El objetivo es que los cambios a la Constitución y a las leyes secundarias puedan colocar a nuestro marco legal a la par con otros productores petroleros de peso en el mundo, y que esto atraiga un interés genuino por parte de los grandes capitales internacionales.
Muchos se desgarraron las vestiduras por una nota del Wall Street Journal que señalaba que el gobierno y miembros importantes del PAN se encontraban en negociaciones avanzadas para sellar un acuerdo que permitiría al Estado mexicano compartir la producción petrolera así como otorgar contratos de licencias diseñados para acceder a depósitos de gas y crudo en aguas profundas.
Esta revelación ha sido desmentida por los partidos políticos involucrados y el gobierno federal. Sin embargo, lo que es relevante en esta historia es que si verdaderamente se quiere construir una reforma que cambie el estado de las cosas, una alianza PAN-PRI será indispensable para avanzar en el sector energético.
El PRD, con pragmatismo y decisión, pactó con el PRI un paquete fiscal que contiene elementos fundamentales de la izquierda. Ese acuerdo fue reprobado “dramáticamente” por los panistas quienes fustigaron la primera gran coincidencia entre dos fuerzas políticas que siempre habían sido antagónicas.
Balance
La oposición tiene que escoger de manera quirúrgica sus batallas legislativas contra aquellas propuestas que no conciten su aprobación. El PRD decidió sacar ventaja estratégica en materia fiscal. Ahora corresponderá al PAN decidir el futuro de la reforma energética.
Es iluso escribir largos melodramas sobre las alianzas que el gobierno de Peña Nieto viene construyendo con el PAN y con el PRD. El presidente con inteligencia ha decidido que en el camino de las reformas buscará siempre el consenso. Cuando convencer a todos sea imposible, como es el caso de la reforma energética, Peña Nieto avanzará con aquellos que comulguen con sus propuestas.
El éxito de esta administración depende en gran medida de que la reforma que se apruebe sea atractiva para los capitales internacionales. Cambios cosméticos no servirán de gran cosa. Mucho se juega en las próximas semanas. Ojalá que la historia vaya más allá de los viejos melodramas.
@pacoguerreroa65