16 años

Los votantes más jóvenes simplemente están haciendo lo que muchos otros votantes también hacen: expresar su insatisfacción con el statu quo.

Votar es un derecho, una obligación cívica y un privilegio extraordinario. La edad a partir de cuando se puede ejercer el sufragio varía dependiendo la historia, las condiciones socioeconómicas y las tradiciones de cada país. Como los señala Álvaro Merino en un espléndido reportaje para El Orden Mundial, no existe una práctica universal al respecto.

Como lo muestran los datos del ACE Electoral Knowledge Network, en Brasil, por ejemplo, se puede votar en las elecciones nacionales a partir de los 16 años de manera facultativa, mientras que en los Emiratos Árabes Unidos los ciudadanos deben esperar hasta los 25 años. La mayoría de las naciones, no obstante, opta por los 18.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, la edad mínima era de 21 años o más en todos los países, con la excepción de la República Sudafricana, que en 1890 la fijó en los 16 años, para la población blanca, ya que la población negra estuvo excluida hasta 1994.

Para finales del siglo XX, los 18 años se habían convertido en la edad más referenciada en las leyes de todo el mundo para poder votar. Si ésa era la edad a partir de la cual los hombres podían ser reclutados para el ejército, se considera que los 18 años también debía ser la edad que marcara el inicio de su participación electoral.

En la actualidad, como lo señala una nota de Euronews, el debate sobre la edad idónea para votar se ha reavivado gracias a una iniciativa del gobierno laborista británico, quien ha anunciado que la edad mínima se reducirá a 16 años en Inglaterra e Irlanda del Norte en las próximas elecciones generales.

Se pretende que el sistema electoral sea más justo, ya que muchos jóvenes de 16 y 17 años ya tienen un empleo a tiempo completo o pueden hacer el servicio militar. “Estamos tomando medidas para eliminar las barreras a la participación, lo que garantizará que más personas tengan la oportunidad de participar en la democracia del Reino Unido”, declaró la viceprimera ministra, Angela Rayner.

Como siempre, la propuesta tiene motivaciones políticas partidarias. La participación en las elecciones generales del año pasado fue de 59.7%, la cifra más baja desde 2000. El Partido Laborista en el poder, que ha visto cómo su popularidad cae en picada desde que fue electo por una amplia mayoría hace un año, se había comprometido previamente a reducir la edad de voto si salía elegido.

Como señala David Runciman, de la Universidad de Cambridge: si la reforma se materializa, nadie debería dar por sentado de antemano lo que esto significará. Si los votantes más jóvenes siguen el ejemplo de sus homólogos continentales y adoptan alternativas radicales, tanto de izquierda como de derecha, eso no significa que no estén preparados para asumir responsabilidades democráticas.

Ante el desencanto con la política y los políticos a nivel mundial, los votantes más jóvenes simplemente están haciendo lo que muchos otros votantes también hacen: expresar su insatisfacción con el statu quo.

Balance

Fijar la edad mínima para votar en los 16 años, en una época de plataformas digitales, es un debate polémico. Se dice que es una edad en la que los jóvenes son aún muy vulnerables; que su voto puede comprarse fácilmente por gobiernos autoritarios o populistas y que no poseen los conocimientos necesarios para realizar una elección fundada al no haber experimentado cuestiones tan importantes como el empleo, los impuestos a los ingresos o la propiedad.

En el otro polo, se dice que la reducción de la edad mínima para votar puede servir para involucrar a los jóvenes en la vida democrática e impulsar su activismo en beneficio de causas específicas que tienen que ver con su futuro en materia de educación, recreación o empleo. Un gran tema que requiere una gran reflexión.

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