El 1 de septiembre de 2024 llegué a México como embajador de la Unión Europea (UE). Hoy, exactamente dos años después, ha llegado el momento de despedirme de este maravilloso país.
Es difícil resumir en unas líneas todo lo que han significado estos dos años. Llegué con ilusión y con el firme propósito de contribuir a fortalecer aún más la relación entre México y la UE. Me voy con mucho más de lo que esperaba: con la satisfacción de lo que juntos hemos construido, pero, sobre todo, con amistades, recuerdos y un profundo cariño por México.
Desde el primer día, las y los mexicanos me hicieron sentir bienvenido. México tiene una extraordinaria capacidad para hacer sentir a los demás como en casa, y yo tuve la fortuna de experimentarlo en cada encuentro, en cada conversación y en cada lugar que conocí. Esa calidez y hospitalidad son, sin duda, de las cosas que más recordaré. También tuve el enorme privilegio de conocer y experimentar la extraordinaria capacidad de este país para celebrar. El Mundial volvió a poner a México ante los ojos del mundo y el país mostró una vez más su pasión, su energía y su alegría.
En lo profesional, me voy con la enorme satisfacción de lo que logramos juntos. Cuando llegué, uno de nuestros grandes objetivos era concluir y firmar el Acuerdo Global Modernizado entre México y la UE. El pasado 22 de mayo, durante la histórica VIII Cumbre México-UE en la Ciudad de México, ese objetivo se convirtió en realidad, marcando el inicio de una nueva etapa en nuestra asociación estratégica: más ambiciosa, más cercana y con enormes oportunidades para ambas partes. Confío en que pronto culmine con éxito el proceso de ratificación, para que el Acuerdo Comercial Interino pueda entrar en vigor y sus beneficios lleguen cuanto antes a las y los ciudadanos.
Porque la firma no es un punto de llegada, sino un punto de partida. Su verdadero éxito se medirá por las oportunidades que genere para las empresas, los trabajadores, los estudiantes, los investigadores, los productores y las familias, y por su capacidad de traducirse en una mayor prosperidad compartida.
Una relación tan profunda como la que une a México y a la UE no se construye únicamente en las reuniones de alto nivel o en los acuerdos, sino también en el terreno. En estos estos dos años tuve el privilegio de recorrer gran parte de la República Mexicana, desde Tijuana hasta Cancún y desde Tuxtla Gutiérrez hasta Monterrey. Visité más de 30 universidades y conversé con más de 6,000 estudiantes. Conocí a artistas, académicos, periodistas, representantes de la sociedad civil, emprendedores y empresarios. Trabajé de la mano con autoridades federales y estatales y, en el camino, tuve la suerte de conocer a muchas personas que hoy considero amigas y amigos.
Fueron precisamente estos encuentros los que dieron sentido a mi trabajo y me confirmaron algo que siempre he tenido presente: los vínculos entre México y la UE construyen, sobre todo, desde las personas.
La cultura es uno de los mejores ejemplos. A través de la literatura, el cine, la música, las artes y los numerosos proyectos que hemos impulsado juntos, europeos y mexicanos tenemos la oportunidad de conocernos mejor. Lo mismo ocurre en nuestras universidades y centros de investigación, donde el intercambio de estudiantes, profesores e ideas crea vínculos que perduran mucho más allá de una estancia académica.
Y, por supuesto, ocurre también en el ámbito empresarial. Empresas mexicanas y europeas que comercian, invierten, innovan y generan empleos de calidad construyen todos los días puentes entre ambos lados del Atlántico. A todas ellas quiero agradecerles por seguir creyendo en esta relación y, especialmente, en el enorme potencial de México.
Al hacer balance de estos dos años, puedo afirmar que la relación entre la UE y México es más fuerte que nunca, y lo mejor es que tiene por delante un futuro extraordinario. Tenemos una base sólida, intereses compartidos, valores comunes y, sobre todo, una comunidad de personas comprometidas con seguir acercando nuestras sociedades.
Por eso me voy satisfecho. Mi misión termina, pero el compromiso de la Unión Europea con México permanece. La Delegación de la Unión Europea y su extraordinario equipo seguirán aquí, trabajando con ustedes y para ustedes. La próxima embajadora encontrará una asociación sólida, un enorme potencial para seguir avanzando y, sobre todo, muchos amigos dispuestos a seguir construyéndola.
Hoy me voy profundamente agradecido por todas las experiencias, los aprendizajes y los recuerdos que me acompañarán siempre, pero, sobre todo, por los amigos. De manera muy especial, quiero expresar mi agradecimiento a Excélsior por haberme abierto este valioso espacio y a las y los lectores de esta Ventana a Europa por acompañarla a lo largo de estos dos años.
Representar a la UE en México fue un verdadero privilegio de vida; y mientras emprendo el camino hacia mi próximo destino, quiero dejarles una última certeza: me llevo a México en el corazón.
Gracias, México, por estos dos años. ¡Y que viva la amistad entre México y la UE!
*Embajador de la Unión Europea en México
