El Arca de Noé
Nuestro país, al igual que el resto del mundo, tendrá que hacerle ver a EU que, eventualmente, sufrirá mayor daño al perder su influencia.
Por Laura Coronado Contreras*
Tras la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, sumada a muchas de las aseveraciones —y tuits— de su actual Presidente, no queda sino preguntarnos: ¿se avecina una gran inundación? ¿Debemos construir una nave para sobrevivir?
Y quizás en un primer momento, al mandatario estadunidense le gustaría ser considerado como una tormenta que limpie la Tierra y, así, volver a empezar de nuevo borrando los esfuerzos de su predecesor. Como él mismo ha dicho: “Yo traeré de regreso el sueño americano: más grande, mejor y más fuerte que nunca. Volveremos a hacer de EU una nación poderosa”.
“América deberá poner a sus ciudadanos primero, porque sólo entonces podremos hacer a América grande de nuevo; compren americano, contraten americano”, ha proclamado el dirigente más polémico de los últimos años. ¿Crear prosperidad implica el detrimento de las relaciones comerciales desde y hacia otras regiones? El gobierno estadunidense actual se ha pronunciado por trabajar en dos ejes: “Ganar” y “Hacer grande a América” bajo políticas proteccionistas. Sin embargo, ¿se puede ganar si no hay competencia? ¿Realmente se es líder sin ir a la vanguardia política, comercial y ambientalmente?
Más allá de las múltiples lecciones que nos podría dejar este pasaje bíblico, el Arca de Noé nos enseña que, a pesar de que “lloverá durante 40 días y 40 noches y la tierra quedará inundada de agua”, como dice el proverbio, “llegará la calma” y lo que sobrevivirá es aquello que engloba lo mejor del mundo y que, no obstante su diversidad, ha podido solidarizarse y convivir haciéndole frente a la tempestad.
¿México podrá resistir una “tormenta comercial” de cara a la renegociación del
NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte)? La visita de la canciller alemana en días recientes y los acercamientos a otras regiones pueden ser un buen comienzo para probarle al mundo que México es más que un trampolín para ingresar al mercado estadunidense, ya que nuestra manufactura, insumos y servicios pueden ser de clase mundial.
John D. Rockefeller señalaba que siempre había tratado de “convertir un desastre en una oportunidad” y el momento es crucial para nuestro país. El intercambio comercial de la región es vital para todos los participantes y el reciente “pacto azucarero” es sólo la “punta del iceberg” en donde México deberá demostrar mayor firmeza, solidez y conciencia de su relevancia a nivel global de lo que ha hecho hasta ahora.
Noé no contaba con mucho tiempo “una vez que el cielo se oscureció y la lluvia arreció”, pero supo aprovechar el anuncio que recibió de Dios. Nuestro país, al igual que el resto del mundo, tendrá que evidenciar que existen procesos que no pueden revertirse y hacerle ver a Estados Unidos que, eventualmente, sufrirá mayor daño al perder su influencia. Alemania, China, Francia, entre otros, comenzarán a dirigir la agenda internacional en aspectos tan relevantes como energía, intercambio comercial, propiedad intelectual, calentamiento global y tecnología.
Sir Winston Churchill mencionaba que “el precio de la grandeza es la responsabilidad” y el mandatario de uno de los países “líderes” del mundo parece olvidar que todos estamos en el mismo barco y el aislarse implicaría inundarse o, peor aún, ahogarse.
*Investigadora adscrita al Centro Anáhuac en Relaciones Internacionales (CAIRI). Profesora de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México.
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt.
