Enero 20, 2017

Hay puntos estructurales que deben analizarse y replantearse en la ejecución de la política exterior.

Por Carlos Camacho Gaos*

El desarrollo de las campañas políticas en EU ha manifestado en ambos partidos plataformas con matices proteccionistas o, incluso, de abierto rechazo al libre comercio, además de temas como migración, política de drogas y la construcción de un muro, que deben preocupar en la política exterior de México.

Más allá de quién resulte elegido Presidente de EU, es inevitable ejecutar una nueva estrategia ante las circunstancias que encontramos, ya que la preocupación que experimentamos no es sólo producto de las inadmisibles declaraciones de Trump y su gran reverberación. Desde hace años se discute la imagen de México en el exterior, en particular entre nuestros socios de Norteamérica.

Hay puntos estructurales que deben analizarse y replantearse en la ejecución de la política exterior. En particular, hay que revisar la asignación de recursos públicos y privados dirigidos a generar y mantener una buena imagen y una buena relación que vaya más allá del estricto pragmatismo comercial o de negocios.

En términos de presupuesto federal, vale la pena rescatar el estudio realizado en 2012 por G. Farfán* y R. Velázquez** que señala que el presupuesto asignado a la Secretaría de Relaciones Exteriores no responde a las prioridades de política exterior, sino que es sujeto de las condiciones coyunturales, por lo que es difícil alcanzar las metas previstas en un diseño de política.

Es cierto que la utilización del presupuesto se ve orientada por la realidad, en particular por el esfuerzo para la protección de los connacionales. Si bien puede que esta labor no sea ni siquiera suficiente para alcanzar sus fines, es un hecho que resta recursos dirigidos a la diplomacia, a hacer el cabildeo y manejo de la presencia e influencia de México en el ámbito federal y legislativo en Washington, y en todos los estados de EU.

Si se considera la inversión para lograr la aceptación del TLCAN en la década de 1990, cuando se alcanzó un pico en los recursos para política exterior respecto al PIB, estamos en niveles inferiores desde hace muchos años y eso se paga en la imagen y el alcance del país a nivel internacional, independientemente del déficit creado por la guerra contra las drogas.

Aunado a esta tendencia, también se ha visto reducida la actividad privada concertada, independientemente de que México sea catalogado el quinto país con mayor gasto gubernamental (9.5 m USD) en lobbying y servicios legales (Pemex, SRE [defensa condenados a muerte], SAGARPA y SE) y promoción turística (44%) en EU, según Sunlight Foundation en 2013.

Por ello, es indispensable revisar el soporte de la política exterior en un entorno que se ha vuelto francamente adverso en la opinión pública derivada de declaraciones falaces y populistas en la campaña política por la presidencia de EU.

Es importante insistir en la relación trilateral que une a Norteamérica como una identidad con francos beneficios intrínsecos en eficiencia, generación de riqueza y empleo, que superan sin duda cualquier costo derivado de una mejor y mayor integración. Hay que ir más allá en las tareas diplomáticas (sin desproteger a los connacionales) y promover una imagen de México que cubra la multivariada relación con esfuerzos orquestados entre gobierno y los sectores privado y social.

*Director de la Facultad de Estudios Globales. Universidad Anáhuac México Norte.

forointernacional@anahuac.mx

** “Presupuesto y política exterior en México: planeación estratégica, incrementalismo y discrecionalidad”. 2012.

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