Trump y Coil: las cosas pasan
Me vino a la mente la canción Things Happen, del dúo experimental londinense Coil. Surgido a principios de los años 80 del siglo pasado, la música de sus miembros, Peter Christopherson y John Balance, ha sido etiquetada como “posindustrial”. Y sí: en sus piezas ...
Me vino a la mente la canción Things Happen, del dúo experimental londinense Coil. Surgido a principios de los años 80 del siglo pasado, la música de sus miembros, Peter Christopherson y John Balance, ha sido etiquetada como “posindustrial”. Y sí: en sus piezas confluyen fragmentos y escapes sonoros que evocan maquinarias, ya con melodías suaves, ya con súbitos golpes violentos, ritmos que surgen y desaparecen de manera abrupta.
Su visión del mundo se resumía, a saber, en que la violencia ocurre, sin necesidad de lógica alguna. De toda la irritación surgida del thatcherismo, Coil dejó una impronta de nicho. Es lo que les tocó vivir.
Things Happen me vino a la mente por la muerte de John Balance, en noviembre de 2004, a los 42 años, cuando, briago, se cayó del balcón de su casa. No faltó quien dijo que Balance perdió el ídem. También asocié ese estado de memoria con melodía al fallecimiento de Peter Christopherson, ocurrido mientras dormía, en noviembre de 2010, a los 55 años, en Bangkok. Ni modo: las cosas pasan. En un sentido simbólico, en Things Happen están el azar, la fatalidad y la irrupción de acontecimientos violentos. Como una estética del accidente.
Pero en realidad me vino a la mente Things Happen, de Coil, por la alarmante frase de Donald Trump para intentar cerrar un asunto: “Las cosas pasan” (“things happen”), refiriéndose a la brutal muerte del periodista Jamal Khashoggi, de The Washington Post, en 2018.
En el Despacho Oval, el presidente de Estados Unidos recibió al príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, pero cometió la torpeza de realizar ahí mismo una sesión con periodistas. Una de dos: o la oficina de comunicación de la Casa Blanca no prevé ese tipo de escenarios, o lo provocó, precisamente ante un invitado señalado de “aprobar” ese asesinato por los servicios de inteligencia estadunidenses, los mismos que hoy en día ponen los blancos sobre lanchas en aguas internacionales.
Pero no hay sorpresa. Otro asunto de justicia y rendición de cuentas se convierte, para Trump, en una trivialidad. Sugirió el presidente que la cadena ABC, empleadora de la reportera que formuló la pregunta sobre el asesinato de Khashoggi, debería perder la licencia, tachándola de fake news. Las cosas pasan.
En 2018, Khashoggi, del Post, fue asesinado dentro del consulado saudí en Estambul. Según un informe de inteligencia de Estados Unidos, el príncipe heredero de Arabia Saudita “probablemente aprobó” la operación. Esa conclusión se desprende de fuentes de alto nivel. Desde entonces, Mohammed bin Salman ha tratado de limpiar su imagen. Como explica The New Yorker, su reintegración diplomática ha sido meticulosa y eficaz. Tras años de aislamiento, ahora es aclamado en Washington por razones estratégicas que valen… un billón de dólares.
Al final, la frase de Trump opera como el eco de Things Happen: un golpe seco. Coil exploraba los abismos humanos; Trump los reduce a coartada. Lo inesperado. Las cosas pasan. Pero también revelan otras.
CAJA NEGRA
Como las consolas de videojuegos en casa representan riesgo de adicción, quien esto escribe prefiere darse una escapada, de vez en cuando, a los ¡Recórcholis!, donde también hay boliche y cervezas. En uno andaba cuando advertí que ¡Kataplum!, el parque de diversiones instalado sobre el techo del centro comercial Las Antenas, cumple sus siete años de la suerte. Grupo Diniz, que maneja ambas marcas de entretenimiento, tiene un ecosistema en el que la nostalgia de jugar a las maquinitas convive con la innovación. El empresario José Antonio Quevedo Diniz comenzó vendiendo palomitas en Reino Aventura. En sus oficinas centrales, en Periférico Sur, hay palomitas gratis para empleados y visitantes. Quevedo Diniz no olvida sus inicios. Tampoco descuida el rumbo de sus sueños.
