Mundial: las metáforas y el balón (VI)

Ocurrió durante la transmisión del Alemania-Curazao. Cuando los germanos clavaron el quinto gol, con victoria final de 7-1, Juan Carlos Osorio, el técnico colombiano que dirigiera a México en el campeonato de Rusia 2018, citó a Borges: “El gran escritor argentino decía que la derrota tiene la dignidad que no ofrece la victoria…”. Osorio buscó redondear el comentario, pero el narrador del juego lo interrumpió cuando los teutones volvieron a acercarse con peligro al área rival: “Espéreme, profe, porque aquí sí está lo bueno…”.

El hecho fue cómico por su natural espontaneidad. Bendita ignorancia, dictaminaron algunos. Sin embargo, tiempo atrás, hubo quien lo hizo adrede. En los años 80, Imevisión (hoy Televisión Azteca) pasaba los domingos un par de partidos de la Serie A. Antes de iniciar los juegos, la señal italiana mandaba bellos aspectos de las ciudades sedes de los juegos en turno, y Fernando Marcos, exfutbolista, entrenador, árbitro, abogado y, sobre todo, un hombre famoso por su cultura enciclopédica, procuraba deleitar con sus comentarios: “Ahí vemos la Scala de Milán, donde triunfaron y rivalizaron Verdi y Wagner”, y la imagen cambiaba de súbito hacia el campo de juego, a pocos segundos del silbatazo inicial. 

Lo mismo ocurría en Florencia, por ejemplo, con tomas de la Galería Uffizi, “donde están las obras más grandes del Renacimiento, Botticelli, Miguel Ángel y particularmente Caravaggio, que dejó plasmada una cabeza de Medusa sobre un escudo de madera de finales del siglo XVI…”, y de repente aparecía la imagen del once inicial de la Fiorentina. Esos momentos siempre los aprovechó el ingeniero José Luis Lamadrid, mundialista nacional en Suiza 1954, para interrumpir el relato cultural: “Bueno, Fernando. Ahora sí vamos a lo que nos interesa”.

Aunque hoy en día la relación entre las letras y el balón de futbol goza de espléndida salud y con espacios de sobra, hubo un tiempo en que los aficionados del “ámbito intelectual” eran de clóset. Acaso temían que se les tildara de “superficiales”, o vaya a saber usted de qué. Hay una frase lapidaria atribuida al propio Borges: “El futbol es popular porque la estupidez es popular”. 

Y no, tampoco es que los futbolistas o los periodistas deportivos desprecien la cultura. Para los que les gustan los datos poco conocidos al estilo del Elias Bureau, Osorio se convirtió en el segundo exentrenador del Tricolor en referir a Borges en televisión para explicar aspectos del juego. El primero fue el argentino César Luis Menotti, durante Francia 1998. Fue la época en que Juan José Reyes, mi jefe en el periódico Novedades, coeditó la antología Hambre de gol, diversa a la del exdelantero Jorge Valdano, campeón en México 1986, con aire de pionera en nuestra lengua. 

Como sea, hay frases de Borges que podrían definir el juego: “...lo sugerido es mucho más efectivo que lo explícito” (cuando se hable de liderazgo en la cancha). “...no podemos creer de verdad en la felicidad y en el triunfo. Y quizás ésta sea una de las miserias de nuestro tiempo” (para quien diga que lo único que cuenta son los títulos). “Si fuéramos sueños, para sugerirlo fielmente necesitaríamos una mariposa y no un tigre” (después de una anotación maravillosa). Las citas provienen de “Arte poética”, seis conferencias del escritor pronunciadas en la Universidad de Harvard entre 1967-1968.  

Cosas del destino, Jorge Luis Borges murió el 14 de junio de 1986, en Ginebra, ciego y octogenario, con un estudio cotidiano de los idiomas árabe y japonés, en tanto Argentina se encaminaba a alzar el campeonato del mundo en México. 

Hay máximas sobre el futbol que definen la vida. Maradona dejó una célebre: “... la pelota no se mancha”. Gianni Infantino claramente tiene otras intenciones. Por desgracia, el presidente de la FIFA no se ha perdido en ningún laberinto para toparse con un minotauro, lo que habría despertado la curiosidad de ese par de argentinos universales.