En 1954, a los 28 años, Miles Davis solicitó ayuda a su padre porque quería dejar la heroína. La droga se había convertido en una lacra que estaba arruinando su emergente carrera en el ámbito del jazz y, desde luego, su vida. El trompetista sólo contaba con su voluntad para abandonar el vicio.
“Lo único que te puedo ofrecer es mi amor”, le dijo su padre, un afamado cirujano dentista, dueño de una granja de 200 acres de terreno. “El resto lo haces tú”.
Historiadores del jazz coinciden en que Davis se pasó varios días encerrado sin siquiera salir a tomar aire, atormentado por el síndrome de abstinencia, hasta que se declaró listo.
En Historia del jazz (2002), Ted Gioia recuerda que a Miles Davis, El Picasso del jazz, le apodaron antes El Príncipe de la oscuridad, “título que se ajustaba al temperamento de este hombre distante que alternó con boxeadores profesionales, llenó su autobiografía de improperios y estableció a su paso innumerables relaciones tensas”.
Sin embargo, en febrero de 1954, Miles “estaba sano, sus ambiciones musicales estaban revitalizadas y, como demostraría el desarrollo de los acontecimientos, estaba tocando mejor que nunca”, acota Gioia.
El compositor y crítico escocés Ian Carr comparte el punto de vista. “1954 vio el inicio de la madurez plena del estilo de Miles Davis”, anota Carr en su ficha sobre el célebre trompetista para The Rough Guide to Jazz (2004). “Desde ese año hasta el fin de la década hubo una sucesión de obras maestras que asombraron y encantaron por igual a músicos y al público en general, abrieron nuevas vías de desarrollo musical, influyendo generaciones posteriores de artistas de todo el mundo y el gran público escuchó el material de Davis, no obstante que la mayoría sabía muy poco sobre jazz”.
Ya libre de sustancias tóxicas en su organismo, entre los títulos de Miles Davis surgidos está Kind of Blue, de 1959, en el que lo acompañan, entre otros, John Coltrane y Bill Evans. Camino a sus siete décadas, se trata del álbum más influyente, aclamado y vendido en la historia del jazz, aunque en su día algunos críticos no coincidieron con los halagos. El novelista británico Kingsley Amis, a la sazón entusiasta reseñista de jazz, le dedicó unas líneas inquietantes: “En Kind of Blue escuché el futuro del jazz, y suena horrible”.
Recordé aspectos de ese disco revolucionario porque me topé con la cantautora islandesa-china Laufey, que a sus 25 años se propuso que los jóvenes se enamoren, como ella, del jazz. Educada entre Reikiavik y Washington y violonchelista de formación clásica, sus discos, bellas interpretaciones que honran el género, están disponibles en Spotify.
Laufey tiene un cover de Blue in Green, icónica pieza de Kind of Blue, novedad que se enmarca en las celebraciones por el centenario de Miles Davis, en mayo. Laufey estrenó su versión en directo durante un evento retransmitido por Twitch, la semana pasada. Precisamente, la intérprete comenzó a ganarse seguidores, comentarios y likes durante el confinamiento por la pandemia de covid-19 por sus videos en TikTok, plataforma desde la que procuraba acercar el jazz a los escuchas más jóvenes.
“Cuando era niña, escuchaba a Miles Davis y sentía que nadie a mi alrededor lo entendía ni le importaba”, dijo Laufey, según consignó la agencia Reuters. “Entonces me di cuenta de que simplemente no habían estado expuestos a ello, o no lo habían hecho de una manera que les hiciera sentir que era suyo”.
Al final del día, la música de Miles Davis es una fuerza evolutiva. Laufey, como tantos otros músicos, explora el pasado para anclarlo al presente y, con ello, encender el futuro.
