Espuma tóxica
En México es muy común el “no pasa nada”, y es cierto, pero hay que subrayar: nada pasa hasta que pasa. Los intrépidos que desafiaron a la toxicidad ya andan pagando esa factura.
Irrumpen en la vida cotidiana fenómenos conocidos que, no obstante, parecen extraordinarios: un arcoíris en el horizonte, el granizo, la puesta de sol. Otros, sin embargo, nunca son simpáticos ni agradables: un oleaje violento, el deslave sobre una carretera, una tormenta de arena. Hay otros hechos sencillamente mal calculados que surgen por el arrastre de vicios (ni tan ocultos): el apagón en ciudades enteras, el derrumbe del metro de la CDMX o el sistema hídrico gravemente alterado por la contaminación. En los primeros casos, la madre naturaleza actúa; ofrece, asimismo, sus reacciones al cambio climático. En los segundos, fallan ingenieros y proyectos.
Las anomalías recientes exhiben a los especuladores de hoy, de ayer y de siempre. La espuma que brotó hacia las calles y carreteras de Naucalpan e Hidalgo son la manifestación de una conexión de componentes para el uso del agua absolutamente rebasado y nocivo para la salud.
Esa sustancia blanca que cubrió banquetas y fachadas de casas afectó a los habitantes de esos puntos. Para empezar, ardor en los ojos y la piel y el brote de ronchas provocados por el contacto con esas aguas contaminadas. Por otro lado, fueron muy irresponsables los espontáneos que salieron a divertirse ante el agente extraño. Proporciones bien guardadas, ya lo anotó Jorge Portilla en su “Fenomenología del relajo”, esa forma de burla colectiva tan nuestra para hacerle frente a la adversidad. En México es muy común el “no pasa nada”, y es cierto, pero hay que subrayar: nada pasa hasta que pasa. Los intrépidos que desafiaron a la toxicidad ya andan pagando esa factura.
Expertos de la UNAM señalaron que esa espuma es una mezcla de químicos, bacterias, virus, hongos, amonio, sulfato, fragancias, colorantes, residuos industriales, desechos domésticos y heces. Es verdad que las intensísimas lluvias colapsaron el drenaje, pero, en el caso de Hidalgo, los contaminantes han formado parte del diario acontecer de sus habitantes.
En sus días y años como gobernador, Miguel Ángel Osorio Chong estaba muy interesado en promover a su estado. En alguna ocasión, habrá sido en 2007, dio el banderazo de salida de una carrera multidisciplinaria, al pie de los Atlantes de Tula, que me tocó presenciar como enviado del periódico en que trabajaba en ese entonces. Pero ese día también fui testigo, hacia las cinco o seis de la mañana, que en un poblado cercano brotaba la espuma blanca y una peste de verdad insoportable. Hay otro dicho muy común: “A todo se acostumbra uno, menos a no comer”. Los habitantes de esa pequeña comunidad (así lo recuerdo) manifestaron lo mal que la pasaban, con largas de parte de las autoridades.
Las fallas y los daños, pues, no son de ahora. Al contrario, se trata de una problemática sistemática y estructural. Sucedió de manera dramática en la presa hidalguense Javier Rojo Gómez, cuando esa espuma blanca inundó un tramo de la carretera que comunica los municipios de Chilcuautla y Alfajayucan. “El rebosamiento del embalse provocó también escurrimientos de aguas negras en campos de cultivo aledaños”. Además, el viento “despedía un fuerte olor ferroso y a drenaje que provocaba irritación de ojos y ardor en la garganta…” (La Jornada, 24/VI/2025).
Sin embargo, la evidencia de la espuma tóxica obliga a tomar acciones contundentes de parte de la administración de Julio Menchaca (y de los demás responsables de otras entidades afectadas por situaciones similares). El mantenimiento correctivo y preventivo de las presas y el drenaje de Hidalgo, además del control y monitoreo de la calidad del agua, quizás sean los primeros pasos, pero la atención sanitaria a esos pobladores de parte de especialistas resulta un asunto prioritario.
Generar conciencia ambiental es importante, pero no hay que pasar por alto estas señales dada la frecuencia de lluvias más intensas que podrían presentarse en las siguientes temporadas. Por lo pronto, limpiar supone una emergencia y prevenir será valorado. Habría que cambiar el descuido por la ciencia, sin escatimar esfuerzos.
