Sólo cenizas hallarás

El gobierno entrega millones de pesos a los partidos, dinero de los impuestos que pagamos.

Hace muchísimos años, cuando yo era pequeño, de cuando en vez venía a visitarnos un tío mío, con el único objetivo de pedirle dinero a mi mamá para solventar sus necesidades. Creo que nunca tuvo éxito en su gestión, entre otras cosas, porque nuestra economía doméstica era bastante flácida. Pero, en algún momento, recuerdo haberle oído a doña Guadalupe decirle a su hermano: “Que te mantenga el gobierno”.

Por esos tiempos fui testigo y protagonista del nacimiento del IMSS.  Cuando me pusieron una molesta inyección en la nalga derecha para combatir una infección, comencé a entender que eso que mi madre llamaba “el gobierno” era una entidad superior que tenía el deber de cuidar por nosotros los mexicanos cuando tuviésemos necesidad de ello.

Dentro de cuatro meses los mexicanos vamos a tener un nuevo gobierno. Con tremenda torpeza, el que habrá de encabezarlo ha anticipado sus proyectos e intenciones. Entre muchas tonterías, se puede rescatar el proyecto de reducirle a los partidos políticos el estipendio que los mexicanos, a través de su gobierno, le entregamos a los partidos políticos para que sobrevivan. Porque de vivir ni hablamos, un partido político vive en nuestra sociedad moderna para proporcionarmos a los ciudadanos una idea, un programa, un plan y una esperanza. Las cifras de financiamiento a los partidos son multimillonarias. A cambio de ello, poco es lo que recibimos los ciudadanos, salvo frases huecas y promesas vacías.

Es lógico que alguien tiene que pagar el suspiro y aliento de los partidos políticos, siempre ha sido así. Solamente hay dos modos de ese patrocinio. En Estados Unidos adivinamos el ejemplo perfecto de la democracia occidental, los señores del dinero son los que dan sustento económico a más de una docena de partidos, y solamente reconocemos al demócrata y al republicano, que tontamente identificamos como la izquierda y la derecha. Sistemáticamente se realizan cenas y cocteles —de a mil dólares por piocha— para darles dinero para gastar a los partidos. De alguna manera y con ciertos límites, las cantidades pueden deducirse de impuestos.

Lo importante no es eso. Lo que se invierte en uno u otro partido se recupera luego en favores del ejecutivo —o del Congreso— cuando algún asunto que importa a los donantes se discute. Las concesiones y los contratos o los favores del gobierno americano se inclinan a favor del platillo de la balanza que haya puesto más billetes.

Yo no me chupo el dedo y me queda claro que es lo mismo que sucede en la política mexicana. Con una salvedad: El gobierno mexicano entrega millones de pesos a los partidos para su funcionamiento. Dinero que viene de los impuestos que usted y yo pagamos.

López Obrador se ha lanzado con la idea de reducir a la mitad el dinero que se le regala a los partidos políticos. Para mi gusto, se ha quedado corto; los partidos políticos, si quieren serlo, deben financiarse con las cuotas que deben cobrar a sus militantes o las contribuciones que ellos quieran hacer a su alma mater.

De otra forma, es seguir comprando votos con el dinero ajeno. Así sea con las despensas del PRI o con los dineros de un fideicomiso de Morena para los damnificados de los sismos.

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