¿Reconciliación?
Te lo digo, Juan, para que lo entiendas, Pedro El saber popular mexicano El miércoles pasado se cumplieron cien años del nacimiento de Nelson Rolihlahla Mandela, llamado Madiba, de la tribu xhosa y la familia real de Thembu, es un a veces ...
Te lo digo, Juan, para que lo entiendas, Pedro
El saber popular mexicano
El miércoles pasado se cumplieron cien años del nacimiento de Nelson Rolihlahla Mandela, llamado Madiba, de la tribu xhosa y la familia real de Thembu, es un a veces vilipendiado y a veces reverenciado en exceso líder sudafricano que, indudablemente, es un icono de la resistencia, la perseverancia (27 años en la cárcel por sus ideas), pero, sobre todo, de la reconciliación y la tolerancia racial en un país que hizo mundialmente conocido el término del Apartheid.
En el acto conmemorativo el orador fue Barack Obama e hizo el primer gran discurso desde que salió de la presidencia de EU el año pasado. “Hoy, desgraciadamente demasiados políticos parecen rechazar el mero concepto de la verdad objetiva”, dijo. Nuestros tiempos, inició, son extraños e inciertos: “vemos a una gran parte del mundo amenazando con retornar a una forma más peligrosa y brutal de hacer las cosas”. Se lanzó en contra de aquellos que promueven la política del miedo, el resentimiento y la reducción. Refiriéndose a los políticos de la fuerza, Obama señaló: “Los que están en el poder buscan minar cada institución que le da a la democracia un significado”. En una oblicua pero obvia referencia señaló: “La pérdida de vergüenza entre líderes políticos que son atrapados en una mentira y entonces mienten de nuevo”.
La esencia del discurso se resume así: “Yo creo en la visión de Mandela. Yo creo en una visión compartida por Gandhi, King y Abraham Lincoln. Yo creo en una visión de igualdad, justicia, libertad y democracia multirracial”. Ciertamente, nuestro mundo tiende más hacia la división que hacia la unidad. Gran Bretaña abandona la Unión Europea, Europa casi en bola rechaza la migración africana. El sucesor de Obama se lanza contra los mexicanos, cuya mitad de votantes elige a un presidente que quiere fundar la cuarta república, todo incluido. Trump hace elogios multidestino de Vladimir Putin y de Kim Jong-Un e insulta al primer ministro de Canadá.
El expresidente Obama nunca se refirió por nombre a Donald Trump. Tampoco era necesario. Además, ese saco le puede quedar a muchos otros políticos que proclaman la reconciliación, pero fomentan una agresiva e improvisada radicalización. En todo el mundo, incluido el nuestro.
PILÓN.- Una llamada de larga distancia de mi mujer preguntando si estaba yo bien, me despertó ayer por la mañana. Una de mis hermanas le había comentado del temblor con sede en Oaxaca que había afectado a la CDMX y de sus temores por mi salud. Como en el viejo chiste del reporte de la zona militar, el movimiento telúrico había sido sofocado y su epicentro había sido localizado, capturado y pasado por las armas. De todo esto me tuve que enterar por los noticiarios de la tele. La alarma sísmica en mi barrio de la Magdalena Contreras nunca sonó.
Luego me enteré que el 12 por ciento de los instrumentos de advertencia en toda la capital habían fallado: un total de mil trescientas veinte bocinas que debieron haber emitido un molesto chillido atemorizante se quedaron mudos. Precisamente el día que se cumplían diez meses del último temblor fatal. Este valle del Anáhuac está en una zona sísmica. Lo sabemos, pero no estamos preparados para vivir y, evidentemente, no lo estamos para morir aquí cuando vuelva a temblar en serio. Ahora que estamos en el tiempo de una alharaca del cambio fingido, alguien debería preocuparse por esta triste realidad.
