Para ser gendarme se debe tener los bigotes largos como Lucifer

Pues bien. Al igual que José Antonio Meade Kuribreña y Ricardo Anaya Cortés, Andrés Manuel López Obrador puede ser también Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Permítaseme una digresión. Los menciono con todos sus apellidos en memoria de un mensaje que doña ...

Pues bien. Al igual que José Antonio Meade Kuribreña y Ricardo Anaya Cortés, Andrés Manuel López Obrador puede ser también Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Permítaseme una digresión. Los menciono con todos sus apellidos en memoria de un mensaje que doña Guadalupe Camarillo me envió, hace 49 años, cuando, luego de una ausencia europea de diez años, logré publicar en El Universal una columna firmada con mi nombre, “por Félix Cortés”, privilegio que los periodistas de siempre han evaluado enormemente. El mensaje de doña Guadalupe no tenía nada que ver con el contenido de mi columna —una crítica teatral, creo— ni con la calidad de mi escritura. Decía solamente: “Ahora resulta que no tienes madre”. Quiero suponer que no es el caso de los cuatro candidatos.

Volviendo al tema, es probable que Andrés Manuel logre la mayoría de votos el domingo que viene, como es posible que lo logre otro candidato.

Parto de mi convicción, muchas veces expresada, de que las encuestas de preferencias electorales son un fraude y que la única encuesta que vale —con todas las trampas del INE para retrasar resultados y buscar espacios para cualquier otra salida— es la elección del primer domingo de julio. Contando los votos.

A lo que me provoca el historial y las actitudes de los candidatos es a un supuesto imaginario: ¿cómo va a reaccionar cada uno de los aspirantes a la Presidencia en el caso de que no resulten vencedores?

Ricardo Anaya, indudablemente, acusará al compló de la Presidencia de la República y al partido Morena para sacarlo de una jugada que, sin duda, tendría ganada. En un remedo de la farsa que ya vivimos dos veces, podría pedir un recuento —¿do you remember, voto por voto, casilla por casilla?—, incapaz de reconocer un fracaso.

No le conozco en persona, pero no tengo duda de que José Antonio Meade si pierde el conteo real de los votos reconocerá haber sido derrotado y se retirará con discreción. Hemos de esperar unos cinco años para conocer, en la forma de un libro, las verdades y los trastupijes que se ocultaron de esta campaña.

Pero dije que Andrés Manuel también puede ser el próximo Presidente de México. Tiene a su favor, en primer lugar, el hartazgo y rencor que el PRI ha cultivado entre la gente por sus ineficiencias, especialmente la corrupción; le ayuda su carisma y lenguaje llano, derivado de su impreparación, pero que empata con el lenguaje de las mayorías. Las mentiras en las promesas de campaña son común de cuatro, si eso existe en gramática. En su contra está precisamente la corrupción sobre el origen, por años, de su manutención y la de sus dispendiosos familiares, y la carencia de un programa coherente, creíble y realizable con fondos más grandes de lo que deje el imposible “acabar con la corrupción”.

Pero no se le ocurra al señor doctor Córdova y a sus secuaces del INE reconocer un resultado adverso a Andrés Manuel, aunque sea legítimo. La reacción de un reaccionario como Andrés Manuel será implacable. Esta historia ya la vivimos. Antes fue el bloqueo criminal por meses de Paseo de la Reforma; ahora, según Andrés Manuel, será el tigre liberado por la democracia, como dijo Porfirio Díaz antes de subir al Ipiranga, aludiendo a lo que había desatado Francisco I. Madero. “No estaré aquí para doblegarlo”, dijo. Según afirmó anteayer la señora Polevnsky, a quien nadie le cree que sea la presidenta de Morena, no será un tigre el que se suelte si no le dan la patente de corso a su jefe, será el mismísimo demonio.

Lucifer, por más señas.

El único que no figura en este recuento es Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, el hijo de Lichita y Rodolfo, como decimos en el Norte. Naturalmente que no tiene, ni por asomo, posibilidad de asomarse a los resultados de la votación. Tendrá que enfrentar, sin embargo, sus consecuencias. ¿Se atreverá a regresar al Palacio de Gobierno de Nuevo León el lunes que viene, como si nada, precisamente donde ya nadie lo quiere?

Esta farsa va a seguir.

Temas: