Mira, Bartola

Hace más de 70 años comencé a leer el periódico que papá compraba para nuestra casa, desde entonces no he dejado la costumbre. Por estas fechas, cíclicamente, la noticia de ocho columnas en El Porvenir era el presupuesto del país para el año que estaba por iniciar. ...

Hace más de 70 años comencé a leer el periódico que papá compraba para nuestra casa, desde entonces no he dejado la costumbre. Por estas fechas, cíclicamente, la noticia de ocho columnas en El Porvenir era el presupuesto del país para el año que estaba por iniciar. Durante casi una decena de sexenios la cabeza secundaria de esa noticia era que el primer rubro en el presupuesto de egresos era por mucho el de educación; el segundo era el de las Fuerzas Armadas y luego lo demás. Era inevitable: yo crecí en un país que no sabía leer ni escribir, que tenía una mínima noción de que la educación técnica media era una opción y en el que el principal obstáculo para el desarrollo era la ignorancia entre los mexicanos. Al mismo tiempo, era un país en el que el Ejército era una de las pocas opciones que los hijos de los pobres tenían para tener un ingreso, así fuera magro.

El paquete económico presentado por el Ejecutivo al Congreso se presentó el pasado sábado, el próximo ya estará revisado, aprobado por ambas cámaras. Hay una evidente prisa por sacar ese importantísimo instrumento de gobierno, lo cual no es necesariamente malo. Lo que me preocupa es el desdén evidente en el presupuesto de egresos hacia el tema de la educación, beneficiando ostensiblemente a la inversión de obra pública en infraestructura, como el Tren Maya, las refinerías o las modificaciones al sistema aeroportuario o el reparto de caridad a los pobres. La Secretaría del Bienestar recibirá un incremento del 40% para los programas de asistencia social.

En la lista de las prioridades del régimen el primer tema relacionado con la educación ocupa el renglón número 10 y se refiere a las becas a los estudiantes de educación superior. El renglón once habla de las nuevas universidades. Ni por asomo, mención a impulsar el arte, la cultura o la ciencia. Una de las más prestigiadas universidades de este continente, la UNAM, recibirá un seis por ciento menos que el año pasado; el Politécnico, “nada más” 4.7% menos. La UNAM se ha manifestado en contra de las intenciones presupuestarias del gobierno en torno a los fondos dedicados a la educación superior. Ayer, el Presidente no estuvo de acuerdo, diciendo que no habría reducción para las universidades, que solamente en becas para la educación superior habría diez mil millones de pesos. Además, dijo, mil millones de pesos para las universidades públicas, para las nuevas universidades.

De las muchas promesas de campaña del ahora Presidente, una de las que llamó más mi atención, por la imposibilidad de su cumplimiento, fue la de hacer cien nuevas universidades públicas, por el costo de hacer una universidad. Con lo dicho ayer por el Presidente queda todo claro: mil millones para cien universidades da un resultado de diez millones de pesos para cada institución. Cualquier universitario sabe lo irrisoria que resulta esa cifra.

La semana pasada escuché en la radio a don Esteban Moctezuma, secretario de Educación, quien nos sacó de la duda. Las nuevas “universidades” serán escuelas especializadas de acuerdo con el mercado local. De esta suerte, citó, en Cancún abría una “universidad” especializada en turismo, si entiendo bien, en Tabasco, una petrolera, y así por el estilo. Nada más que el concepto universidad, desde su etimología, es mucho más ambicioso y aspira a la universalidad del conocimiento.

El CCE, con toda la cautela que ha demostrado en este sexenio recién nacido, ya expresó sus dudas sobre la capacidad de hacerse de los casi seis billones de pesos que el gobierno necesita para sus egresos. Especialmente, si no va a haber más impuestos nuevos ni incremento al precio de combustibles; una quinta parte de esos seis billones deben llegar por la venta de petróleo. Solamente que el precio del petróleo es una dama casquivana cuyos vaivenes dependen de la voluntad de las grandes potencias y los conflictos bélicos que propicien y los intereses de las pequeñas potencias de los países árabes productores del crudo. Lo mismo pasa con la paridad peso-dólar, que se ha fijado en veinte por uno. Como Bartola, vamos a tener que aprender a hacer rendir los dos pesos de la canción.

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