¡Goooya…!

Los recursos necesarios para poder pagar la existencia de instituciones de enseñanza superior, maestros altamente calificados e instalaciones de excelencia no pueden ser generados por una población que no sea selectiva

El concepto de una Ciudad Universitaria que concentrara en un solo terreno las casas de estudios superiores para que la masa estudiantil, joven e inquieta, pudiera ser controlada para fines políticos fue comprado por el presidente Miguel Alemán para replicarlo en el pedregal volcánico del sur de la Ciudad de México y ahí ubicar la hermosa UNAM. Frente al edificio de la rectoría estuvo unos años una estatua de don Miguel, de toga y todo, hasta que un atentado dinamitero convenció a la autoridad de que era mejor retirarla.

Las universidades clásicas medievales que podían aspirar a llamarse así por la universalidad de su criterio para la enseñanza y la gama de los estudios impartidos —derecho, medicina, teología, para empezar—, desde la de Boloña y la Carolina de Praga, no tenían esa concentración de edificios. Cada una de sus escuelas tenía su rumbo.Tampoco tuvieron nunca las universidades el carácter democrático, abiertas para todo el mundo, que en el siglo pasado los políticos liberales les atribuyeron. Por ahí andaba la corriente de pensamiento de Lázaro Cárdenas del Río al crear el Instituto Politécnico Nacional para propiciar la enseñanza media superior a los menos favorecidos de nuestra sociedad.

Sobre esa línea se ha movido la idea del presidente electo, López Obrador, de garantizar el acceso a las universidades públicas inmediato, sin condiciones, gratuito y automático de todo aquel joven que pretendiera inscribirse. La idea es equivocada, en primer lugar, porque los recursos necesarios para poder pagar la existencia de instituciones de enseñanza superior, maestros altamente calificados e instalaciones de excelencia no pueden ser generados por una población que no sea selectiva. La idea equivocada se basa en el error conceptual que la Iglesia y el gobierno nos han imbuido: todos somos iguales.

Falso. No todos tenemos las mismas capacidades intelectuales; no hay menoscabo en la dignidad que todos los trabajos tienen. Pero no todos son iguales y cada uno tiene una función en la sociedad, lo mismo un carpintero que el primer violín de una orquesta, un cirujano eminente y un barrendero.

El truco es político, como es la beca a los llamados ninis o la duplicación de la pensión a los viejitos. Es la misma mecánica de las despensas gratuitas, las cachuchas y las camisetas, las tortas y los acarreos. Es la forma más sencilla de comprar votos a futuro.

PILÓN.— Es increíble la proporción alcanzada por el escándalo de perversión sexual investigado en Pennsylvania por un gran jurado y dado a conocer por The New York Times: durante setenta años los sacerdotes han abusado sexualmente de mil menores de edad, mayormente niños. En el caso de niñas, fueron obligadas a abortar en caso de embarazo. El número de víctimas y el lapso en que fueron abusadas son escandalosos. Más lo es aún el silencio cómplice de la clerecía que, sabedora de los abusos, los ocultó por tanto tiempo.

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