Engarróteseme ahí

Si el Congreso de Estados Unidos no le otorga 25 mil millones de pesos a Donald Trump para su política represiva contra los inmigrantes, paralizará el aparato de gobierno. 

Con regular frecuencia, el Presidente de Estados Unidos tiene que aprobar o no la propuesta de presupuesto para su país.

Si no le parece, su recurso es paralizar la economía de su burocracia. Se suspende el gasto público, se deja de pagar a los empleados del gobierno y, de alguna manera, el país se paraliza.

Teóricamente, no hay correos, atención al público en las oficinas del gobierno y solamente las fuerzas de seguridad siguen operando. El fenómeno no es desusado. Cada uno de los presidentes que ha desfilado por la Casa Blanca optó por ese instrumento de presión hacia el poder legislativo.

Donald Trump acaba de acudir a la misma amenaza. Si el Congreso no le otorga 25 mil millones de pesos para su política represiva contra los inmigrantes, paralizará el aparato de gobierno. Fundamentalmente, quiere el dinero para comenzar de inmediato la construcción del muro en la frontera con México.

Se trata de una dotación de dólares diez veces mayor de lo que los congresistas están dispuestos a darle. Y de lo que la economía de Estados Unidos puede soportar. De la misma manera, la infraestructura de ese país no puede soportar el congelamiento de sus operaciones, ni lo va a hacer; nunca el congelamiento de las operaciones del gobierno estadunidense ha durado más de dos semanas. No lo harán ahora.

Lo que viene siendo desastroso es el chantaje político al que los norteamericanos están siendo sometidos. La industria del acero ha sido objeto de un chantaje similar por el camino de los aranceles al acero y el aluminio que vengan de China, Europa, México o cualquier otro sitio. México y Canadá están siendo sometidos al tentador acuerdo de libre comercio en las próximas 72 horas. Bajo las condiciones de Trump, desde luego.

El asunto se asemeja mucho a lo que estamos viviendo los mexicanos. Andrés Manuel ganó limpiamente las elecciones, por más del 50% de los votantes, y se dispone a hacer la Cuarta República en nuestro país. Eso está muy bien, pero la Cuarta República va a ser lo menos republicana que este país pueda recordar. Como en su momento lo hizo una mayoría priista en el Congreso, ahora López Obrador va a regresar la república a lo que era México antes de la Revolución de 1910. Una dictadura unipersonal y represiva, intolerante, autoritaria y sosa.

Eso decidieron los mexicanos que fueron a las urnas el primer domingo de julio.

Que con su pan se lo coman.

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