El gendarme desconocido

El gobierno de Trump lo que quiere es que el Estado mexicano se convierta en su policía fronteriza para impedir que los centroamericanos crucen la frontera.

Tal vez con anterioridad, pero si yo bien recuerdo, la derecha recalcitrante del gobierno de Estados Unidos ha pretendido, desde la administración de Richard Nixon, que la frontera que corre por el centro del cauce del río Bravo y la línea arbitraria que entre Juárez y Santa Anna se encargaron de definir, se corra lo más al sur que se pueda; preferentemente, hasta el río Suchiate. El problema de la migración indocumentada de Centroamérica rumbo al norte dejaría de ser un conflicto gringo para convertirse en una obligación y un asunto del gobierno mexicano. Un gendarme desconocido con el encargo de cuidar la frontera de Estados Unidos.

La escasez de información sobre la repentina visita de altos personeros de EU para correrle una cortesía a Enrique Peña Nieto y establecer, además, las nuevas reglas del juego entre los dos países con Andrés Manuel López Obrador hace despertar nuevamente las sospechas. Lo poco que sabemos es que Andrés Manuel le mandó a Donald Trump una misiva sobre los temas que aquí principalmente se trataron: El TLCAN, Centroamérica y migración.

Con un pequeño detalle. Tal y como lo informó el futuro secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, los mexicanos no conoceremos el contenido de la cartita a Santa Claus hasta que el destinatario no la reciba y la lea. ¿Qué le está proponiendo el próximo Presidente de México?

El gobierno de Trump lo que quiere es que el Estado mexicano se convierta en su policía fronteriza para impedir que los centroamericanos crucen la frontera y sigan hasta la línea. A cambio de esa lacayuna servidumbre, Trump estaría dispuesto a ceder en el tema del libre comercio con México y Canadá. En el colmo del cinismo, Trump sugeriría que los centroamericanos se queden en México, haciendo de nuestro país el resguardo de los guatemaltecos, salvadoreños y hondureños que bastante han sufrido ya en sus países y en el nuestro.

Lo que es imposible entender es que el contenido de esta propuesta de nuevo trato entre dos países que se dicen soberanos no pueda ser conocido por la ciudadanía de uno de ellos. Estaremos esperando a que Donald regrese de su desafortunado periplo europeo, llegue de nuevo a su computadora, a su cuenta de Twitter, y nos conceda el privilegio de saber lo que el próximo Presidente mexicano le está proponiendo.

Ya resulta ocioso insistir en la patanería del Presidente norteamericano, la cual se vio ampliamente en su trato con la reina de la Gran Bretaña. Como dicen los jóvenes de hoy: Si ya saben cómo soy, ¿para qué me invitan?

El éxito electoral de Andrés Manuel, su perfil de izquierda, que todavía hay quienes insisten en propagarlo, hizo animar las esperanzas de que López Obrador sería un cabal  representante de un país digno, sólido, indispuesto a doblar la cabeza ante la insolencia y la intolerancia. Los mexicanos le dieron, por una gran mayoría, un aparente cheque en blanco para que hiciera lo que le plugiese con la soberanía nacional.

No nos equivoquemos. Que no se equivoquen los nuevos señores del poder omnímodo e indiscutible. El PRI autoritario y antidemocrático no puede ni debe clonarse cambiando simplemente de siglas.

Temas: