El amor acaba

Porque el tiempo tiene grietas, porque grietas tiene el alma,porque nada es para siempre y hasta la belleza cansa… Manuel Alejandro, El amor acaba. La primera evidente fisura del romance entre los mexicanos y su próximo Presidente se ...

Porque el tiempo tiene grietas, porque grietas tiene el alma,

porque nada es para siempre y hasta la belleza cansa…

                Manuel Alejandro, El amor acaba.

La primera evidente fisura del romance entre los mexicanos y su próximo Presidente se esboza en el anunciado proyecto de una república imperial con sus procónsules o virreyes con el poder de abrir o cerrar el grifo de los recursos de la federación para los proyectos que cada gobernador quisiera impulsar en cada entidad. El hecho de que los representantes del poder central hayan sido aspirantes sin éxito, justamente a las gubernaturas o puestos legislativos que ahora van a supervisar, no hace sino subrayar la crisis del federalismo. En el enunciado de los nombres de los estados del país se expresa que cada uno es “estado libre y soberano”. De un plumazo esto va a pasar a la anécdota histórica si seguimos como vamos.

El sistema presidencialista de poder casi omnímodo que los mexicanos dejaron se fuera haciendo en los últimos setenta años se ha ratificado en las elecciones del primero de julio, precisamente por su quiebra, su fracaso, su ineficiencia y su deshonestidad. Andrés Manuel López Obrador se hizo con un indiscutible triunfo, precisamente porque su oferta se centró y sigue insistente en acabar con la corrupción del Estado. Acabando con la corrupción del aparato de gobierno, reduciendo salarios y privilegios, se podrá darle una manita de gato que convierta seis refinerías en eficientes entes productivos. Si termina la corrupción, las pensiones a los expresidentes, los servicios que se les prestan a ellos y sus familias, se acabará la dependencia alimentaria del maíz, frijol y arroz que compramos fuera para poder comer. No es cierto: la economía es una ciencia exacta.

Es obvio que esa limpieza —por ahí anda el proyecto de una Constitución ética— es ciertamente plausible y deseable. Sabemos los mexicanos que su realización tardará, por lo menos, dos generaciones, si bien nos va. Ahora, no intentarlo sería una torpeza. Más aún, una vileza.

Andrés Manuel se ha preparado para ser Presidente de México desde hace más de veinte años. Desde luego que su estilo personal de gobernar, diría don Daniel Cosío Villegas, no deja espacio para dudas; la designación de delegados es una clarísima intención de imperial dominio, como lo ha sido el creciente dominio del Poder Ejecutivo antes de que le sea impuesta la banda presidencial. Los tiempos andan mutantes.

Miguel de la Madrid Hurtado se enteró de la estatización de la banca la misma mañana del informe final de José López Portillo. Luis Echeverría fue presidente de la República hasta el último día de su mandato. Enrique Peña Nieto, con una muestra de civilidad y realismo, ha dejado el ejercicio del poder en los equipos de transición.

Desde luego que el mensaje enviado por los comicios de julio pasado no deja lugar a dudas. Los mexicanos están en un romance con su nuevo presidente. Ahora, como canta José José, el amor acaba cuando se ocupa.

PILÓN.- Los que no parecen entender los mensajes de las elecciones de julio son los partidos de la nueva chiquillada. Ni el PRI ni el PAN ni el PRD se dan cuenta de que necesitan refundarse, olvidar el pasado y encontrar nuevas estructuras. Eso es particularmente válido en Nuevo León, donde Morena nunca ha existido ni el PT ni todas sus imitaciones.

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