¿Balance?
Hace exactamente cincuenta años, Gustavo Díaz Ordaz tomó una decisión desusada: Concedió una entrevista de televisión revisando su ejercicio como Presidente, particularmente dañado por la manera torpe en que enfrentó al movimiento de protestas previo a los Juegos ...
Hace exactamente cincuenta años, Gustavo Díaz Ordaz tomó una decisión desusada: Concedió una entrevista de televisión revisando su ejercicio como Presidente, particularmente dañado por la manera torpe en que enfrentó al movimiento de protestas previo a los Juegos Olímpicos. El encargado de conducir el diálogo a modo no fue ninguno de los periodistas destacados del momento, sino el doctor Ernesto Sodi Pallares, cardiólogo e investigador destacado. Desde luego, las preguntas fueron diseñadas de manera que el Presidente pudiera justificar sus yerros, mostrando la principal de sus características, el empecinamiento en tener la razón.
Hacia el final del sexenio de José López Portillo, Zabludovsky y yo visitamos diez ciudades del país grabando entrevistas breves con ciudadanos diversos con un simple planteamiento: ¿Qué le preguntaría usted al Presidente? Una selección de las 12 preguntas más inteligentes se puso en una cinta para reproducirla ante el Presidente sin que él las hubiera conocido previamente. A pesar de la habilidad retórica de López Portillo, el programa no logró elevar su nivel de popularidad, como tampoco lo hizo el discurso final, en el que pidió perdón entre lágrimas a los pobres de México. La idea de cerrar un sexenio con una entrevista exhaustiva se mantuvo irregularmente con otros presidentes, sin pena ni gloria.
Una serie de factores ha acompañado al presidente Peña Nieto en la segunda mitad de su mandato sin que le fueran propicios. Lo que es indiscutible es el desplome que ha sufrido su índice de aceptación entre la ciudadanía. Los celebrados avances en este campo a partir del llamado Pacto por México, que incluyó las reformas estructurales en Educación, Energía y pacto fiscal se vieron opacadas, entre otros, por los casos de Ayotzinapa y sus 43 desaparecidos, así como la llamada Casa Blanca, en cuya explicación a los comunicadores se les hizo bolas el engrudo al involucrar a la esposa de Peña Nieto.
Pues Enrique Peña Nieto —o tal vez sus asesores en la malhadada disciplina de la comunicación social— decidió dar entrevistas individuales a diferentes líderes de la información, haciendo un balance de su trabajo. Debe reconocerse la sinceridad del Presidente al aceptar algunos de sus errores, particularmente, el origen turbio de la llamada Casa Blanca, cuyo destino final es desconocido. No hubo mención a otras fallas, especialmente en el campo de la SCT, transición a la tele digital, el socavón en Cuernavaca o el tren super rápido incluidos.
No cabe duda de que estos hechos jugaron un papel muy importante el primero de julio pasado. El triunfo de Andrés Manuel López Obrador, que no de Morena, se debió al voto de condena al Presidente, su partido y su candidato externo.
Ahora nos estamos empezando a dar cuenta de lo que eso significa para nuestro futuro inmediato.
PILÓN.- Desde luego que puede ser uno más de los malos chistes de Donald Trump su anuncio de que estarían México y su país a punto de lograr algún acuerdo de libre comercio este lunes. Es ahora o nunca o tal vez el año que viene o tal vez dentro de tres años. Las inconsistencias del Presidente de Estados Unidos son proverbiales y nos han costado muchos dolores de cabeza y alentado nuestros rencores. Sólo la insistencia de los negociadores mexicanos de lograr algún entendimiento que diera fundamento a un cierre de sexenio que alojara una esperanza ha sido mayor que el juego del gato y el ratón que tanto gusta al señor Trump. Yo dudo mucho que el acuerdo se logre en estos días; desde luego, si el acuerdo se consigue a base de retrocesos, es mejor no tener ninguno.
