Quítate tú pa’ ponerme yo

Quítate tu pa’ ponerme yo vamos a ver quién es quién. Después no digan que no se advirtió: son doce que dan por cien. Eddie Dee, Los Doce Discípulos, Quítate tú pa’ ...

Quítate tu pa’ ponerme yo

                vamos a ver quién es quién.

                Después no digan que no se advirtió:

                son doce que dan por cien.

Eddie Dee, Los Doce Discípulos, Quítate tú pa’ ponerme yo

La torpe y antidemocrática legislación electoral que sufrimos ha transformado el proceso electoral de este año en un sainete ridículo y un muestrario locuaz de estulticia. Cuando se supone que los periodos previos a las elecciones deben ser dedicados a plantear a los votantes propuestas alternas de solución a los problemas que todos conocemos de primera mano, los aspirantes a gobernarnos se dedican al descrédito de sus oponentes y al insulto repitiendo patrones de conducta del pasado, llevados a un nivel más alto gracias a la facilidad que da el anonimato de las redes llamadas sociales.

El discurso del panista Anaya se copia a sí mismo: son el Presidente y la Procuraduría General de la República los que están detrás de las repetidas denuncias de su muy explicable enriquecimiento por medio de triangulaciones, empresas fantasma y compraventa de terrenos. El presidente Peña repica la actitud de Carlos Salinas: ni los veo ni los oigo. No hagan caso a ese duelo de dimes y diretes, les recomienda a los reporteros.

Al inepto encargado del despacho de la Procuraduría General de la República, don Alberto Elías Beltrán, se le hace bolas el engrudo entre las lealtades perrunas y la incapacidad evidente. Aunque lo diga Ricardo Anaya, es cierto que su deber es dar cabida y marcha a los procedimientos que obliga la presunta comisión de un delito como esos de los que se acusa al queretano.

José Antonio Meade no parece inmutarse ante la repetida afirmación de que su campaña nada más no arranca. Insiste en ser un priista sin bandera, defensor de las causas sin remedio y medroso de hacer un público, radical y explícito rompimiento con el PRI de Peña Nieto. Sigue pensando el doctor Meade Kuribreña que el voto se emite por motores del pensamiento y la razón: no es cierto. Votamos con las vísceras.

Andrés Manuel tiene un disco muy rayado: detrás de todo el cochinero está precisamente el innombrable Carlos Salinas de Gortari, villano favorito de todos los complós imaginables. Mientras tanto, en un pragmatismo digno del PRI más prehistórico, sigue metiendo a su haber el descontento y la irritación que las fallas del régimen actual, particularmente la tolerancia y el fomento de actos de corrupción que conocemos desde hace años. Casos de corrupción que precisamente la Procuraduría General de la República ha dejado dormir en los cajones sin darles seguimiento. Por dar un ejemplo, en el caso Odebrecht los testimoniales de los delincuentes brasileños —el mismísimo Marcelo Odebrecht— y la declaración del que fuera procurador reciente, Raúl Cervantes, de que el 17 de octubre del año pasado el expediente estaba terminado y listo para ir juicio. Nada de eso ha movido a la institución encargada de nuestra justicia.

En mi querido Nuevo León, las designaciones de los procuradores de justicia, el general, el electoral y el anticorrupción, están atoradas en una feria de vanidades protagonizada por el congreso local y el gobernador interino que suple las ausencias del fallido candidato independiente a la Presidencia Jaime Heliodoro, Manuel González, que, por cierto, desempeña mejor las funciones que El Bronco. Lo cual tampoco es muy difícil.

Los candidatos llamados independientes se encuentran sentados en la banca viendo un juego en el que, si acaso, serán llamados de emergentes a declinar a favor de quien dé más. Sueñan con ser el fiel de una balanza que ninguna encuesta puede reflejar con claridad y certidumbre y que esperan que sea tan cerrada como para que sus minorías de simpatizantes resulten determinantes. A cambio de ello, les han prometido que en el reparto del pastel les tocará rebanada grande.

El reparto del pastel es el secreto. La política fue diseñada para servir a la gente y no para servirse de ella, que es como la entienden nuestros gobernantes. Y es como la entienden los ciudadanos que cada vez con mayor frecuencia anulan su voto o se ahuyentan de las urnas por el desencanto que ellas nos inspiran.

Quítate tú pa’ ponerme yo es el ritmo de esta batucada. Un sonsonete que ya ha cansado a los mexicanos. Por eso dicen que van a votar por López Obrador, porque creen que es diferente a los demás.

Desde luego, se equivocan.

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