¿Pero qué necesidad?

En memoria del Homo más Hetero. La frase que he escuchado con mayor frecuencia en los últimos días del presidente del PAN, Ricardo, El Joven Maravilla, Anaya, es la que dice que en política no hay casualidades. Se le acerca en frecuencia la que afirma que los ...

En memoria del Homo más Hetero.

La frase que he escuchado con mayor frecuencia en los últimos días del presidente del PAN, Ricardo, El Joven Maravilla, Anaya, es la que dice que en política no hay casualidades. Se le acerca en frecuencia la que afirma que los reportajes que el diario El Universal de la Ciudad de México ha publicado recientemente sobre la riqueza de su persona y familia política no son más que materiales proporcionados por el gobierno federal con la sugerencia, solicitud, insinuación u orden de hacerlos públicos.

El señor Anaya se está acercando a los patrones que establece Donald Trumpfake news, nada es cierto, usted no tiene derecho a preguntarme ni a publicar nada, y todo lo que usted diga es falso, salvo que yo exprese lo contrario— al descalificar en automático un medio por la publicación de algo cuya verosimilitud debe ser muy fácil de comprobar.

Al final del día, la superficial lectura de los materiales del reportero Horacio Jiménez sólo deja en claro que Ricardo Anaya y su familia son ricos y que el líder del PAN tiene el mal gusto de mantener a su familia en Atlanta, que es un pueblo horrible, pudiéndola tener en Connecticut, por ejemplo. También que hay algunos varones que se casan con una mujer de rica dote, suerte no tengo, ni envidio.

Pero el asunto es político: coinciden las revelaciones del respetado diario con la muy plausible y expresa intención de Anaya por impedir, con las fuerzas legislativas a su alcance, que se apruebe en el Senado la intención de Peña Nieto de que el procurador general de la República, Raúl Cervantes —egresado de la universidad de Los Pinos y primo del que les platiqué que hizo el embrollo de Michoacán y maneja en la Conade los deportes oficiales, el licenciado Alfredo Castillo Cervantes—, se convierta en automático en el nuevo fiscal del país por nueve años.

Precisamente, el fiscal que tendrá que investigar y perseguir los trastupijes de Peña Nieto, del presidente que le siga y un piquito del siguiente. Las revelaciones coinciden también con la consigna que ya recibió el presidente del Senado, Pablo Escudero (PVEM), de que el licenciado Cervantes va, que va.

Tan fácil que sería para destrabar este trabalenguas que el Ejecutivo Federal dejara que la designación del fiscal omnitemido sea designado después de que sepamos quién es el próximo presidente de México.

¿Para qué tanto brinco?

PILÓN.- Si como dice la Secretaría de Relaciones Exteriores, México no negocia el TLCAN ni ningún otro aspecto de la relación bilateral por medio de las redes sociales o los medios de comunicación, ya sería tiempo de que las autoridades de este país dejaran de estar pendientes de cualquier flatulencia que Donald Trump expela por Twitter.

Ya debiéramos estar hartos de que nuestra preocupación nacional sea el humor con el que el vejete mamón haya amanecido, y la redacción de sus estupideces. Ya es necesario que nos curemos de espanto de que el tratado trilateral de libre comercio se va a extinguir o de que, de alguna manera, nos van a cobrar por el imaginario muro fronterizo, que jamás se erigirá en la totalidad impenetrable que sueña el monigote.

México, señoras y señores, existió mucho antes del TLCAN.

No vivíamos ni mejor ni peor que hoy; no nos moríamos de la crisis, el hambre o la pobreza. Si el gobierno de Donald Trump se sale del TLCAN no nos vamos a morir de una crisis ni de hambre ni de pobreza, aunque seguiremos teniendo crisis, hambre y pobres.

Esas tres cosas son las que nos debieran preocupar, no los desplantes del señor Trump y reaccionar a sus mensajes de provocación.

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