La reforma

Vino la reforma, vino la reforma, vino la reforma a Peralvillo. Ora sí el curado ya se toma helado y el Highball se vende en estanquillo. Chava Flores, Vino la reforma. Pertenezco a esos habitantes de la Ciudad de México a los que ...

Vino la reforma, vino la reforma, vino la reforma a Peralvillo.

Ora sí el curado ya se toma helado y el Highball se vende en estanquillo.

                Chava Flores, Vino la reforma.

Pertenezco a esos habitantes de la Ciudad de México a los que regocijó la decisión judicial que ordenó suspender los molestos trabajos en el Paseo de la Reforma para abrirle paso a la Línea 7 del Metrobús, eso sí, con camiones de dos pisos para sentirnos en Londres. Hubo de ser una academia del derecho ambiental, de ocasional presencia mediática, la que acudiera a tribunales para impedir el atentado a la bellísima rúa.

Los procesos burocráticos nos harán espectadores de un juego macabro de la pelota. La autoridad de la Ciudad de México seguirá arguyendo, falsamente, que el medio de transporte en proceso de realizar ha de reducir la contaminación ambiental que respiramos y que los camionsotes rojos van a resolver el difícil desplazamiento de los ciudadanos por esta importante zona. Tampoco es cierto. El proyecto, dicen por ahí, es que la arteria de circulación vial vaya de Indios Verdes a la  Fuente de Petróleos. Por el momento, sólo se está trabajando entre la Esquina de la información y las rejas de Chapultepec para que por ahí circulen los autobuses que suplirán a los peseros de añejos tiempos. Y ni siquiera eso, porque los peseros seguían por Juárez y Madero hasta el Zócalo, por su módica tarifa.

Puede usted apostar doble contra sencillo que los abogados de Miguel Ángel Mancera lograrán revertir el fallo del juez y al Metrobús se quitará el freno de mano que le pusieron para avanzar triunfante, pintándole un violín al Ángel y unos caracolitos a la Diana. Que no se nos olvide que la pura renovación de la carpeta de circulación es un negocio millonario; no se diga la adquisición de las unidades en Europa.

El transporte urbano de la capital del país seguirá siendo caótico, contaminante, ineficiente e inseguro. La gente que viene del Estado de México tendrá que seguir tomando tres o cuatro camiones para llegar a su trabajo o escuela. Los que puedan seguirán endeudándose para comprar en abonos un segundo carro para combatir el absurdo Hoy No Circula. Pero los diablos rojos no pisarán Las Lomas. No, no, no; ahí residen los ricos, o se ubican las tiendas elegantes, y los turistas le tomarán fotos a los autobuses a la altura de la zona rosa. ¡Viva la reforma!, añorado Chava Flores. Y un negocio más se habrá cerrado. O, si se quiere, abierto.

PILÓN.- Cada semana muere una persona asesinada dentro de una de las cárceles de México. En 2016, el año más cruento, se registraron en las prisiones 85 asesinatos y 26 “suicidios”, según el reportaje que publicó Excélsior. Las cárceles de Ciudad Victoria o Topo Chico no son las únicas con esa estadística tétrica. No obstante, en las cárceles de Nuevo León mataron a 54 personas el año pasado; en las de Tamaulipas los muertos fueron 10. La Ciudad de México y el Estado de México aportaron cinco cadáveres cada una. Zacatecas cuatro y con un muerto por entidad están Hidalgo, Jalisco, Morelos, Nayarit, Quintana Roo, Sonora y Sinaloa.

Se ha denunciado hasta la saciedad que las cárceles mexicanas son universidades del crimen, fuera de todo control gubernamental, con una autogestión tolerada y fomentada por los alcaides. Droga, sexo, esclavitud, alimentos, alcohol y, sobre todo, armas, abundan dentro de las cárceles. Por encima de todo ello, la corrupción.

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