La maldita primavera

No debemos adelantarnos a celebrar la pírrica victoria de que Donald Trump haya tenido que retirar su propuesta de un nuevo plan de atención médica para sustituir al Obamacare, que nadie ha acabado de explicar exactamente en qué consiste. Desde luego que es muy ...

No debemos adelantarnos a celebrar la pírrica victoria de que Donald Trump haya tenido que retirar su propuesta de un nuevo plan de atención médica para sustituir al Obamacare, que nadie ha acabado de explicar exactamente en qué consiste. Desde luego que es muy importante que el presidente de Estados Unidos haya recibido el mensaje de su propio partido —al cual ni siquiera pertenece— de negarle apoyo a su iniciativa y hacer que se incline a favor de otra propuesta populista y condenada al fracaso. Se trata de su reforma fiscal, que promete reducir los impuestos al ingreso y crear mayores facilidades a las inversiones.

Lo que sí es innegable es que pasado el idilio de la toma de posesión de Trump en la Casa Blanca, las cosas ya no van a ser tan fáciles. Contar con una mayoría de votos en el Congreso va a ser cada vez más difícil. De un partido o del otro. Lo que es importante aquí es que, por encima de la filiación partidista, que es muy diferente a la docilidad ovina de los políticos mexicanos, los representantes y senadores en Estados Unidos tienen que reportarle a la ciudadanía, que por ellos vota o deja de votar en los procesos de reelección que allá son rutinarios.

Voluntaria o aleatoriamente, Donald Trump ha convertido a la política migratoria en la piedra angular de su política. Ya no hay marcha atrás. El muro fronterizo con México se construye o se construye. México lo va a pagar o entonces, Trump la pagará. Los indocumentados, que no son solamente mexicanos —hay muchos chinos, centroamericanos, mesorientales— tienen que ser deportados para que Trump recupere la popularidad que lo llevó al poder el pasado noviembre, pese a las consecuencias que para la economía norteamericana va a tener la salida de esas importantes manos de trabajo.

No hay que adelantar vísperas.

El panorama de la política interna de Estados Unidos parece ofrecer mejor cara a los mexicanos. Pero tenemos que abandonar esa dependencia torpe de que todas las soluciones tienen que venir de allá. Si no hacemos lo propio, alguien hará lo ajeno.

PILÓN.- En el bellísimo recinto de la calle de Donceles se realizó ayer una insípida ceremonia de homenaje por parte de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal al diario Excélsior por su primer centenario, cumplido el 18 de marzo. Los oradores de las diferentes corrientes políticas que van a mandar en la ciudad capital repitieron las anécdotas notables de la historia del país que el periódico, como era su función, narró en su momento. Que si Carranza, que si los magnicidios de Obregón o Colosio, que si los temblores, que si el 68, que si Julio Scherer y su equipo de notables columnistas y reporteros. Todo ello dicho con una prosodia lamentable y una sintaxis pésima.

Lo único rescatable fue la unánime condena a la muerte de una periodista —además mujer— en Chihuahua. Por extensión, al hecho de que solamente en Siria y Afganistán es más peligroso ejercer el periodismo que en México. Mientras las amenazas a los periodistas mexicanos por hacer su trabajo, sobre todo las cumplidas,  sigan frecuentando nuestra vida social, nadie tiene derecho —especialmetne los que legislan y los que gobiernan— a hacer zalameros elogios de los medios.

Que cada quien haga lo suyo.

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