¿Quién eres tú?

Lo que me inquieta sobremanera es que todos parecen haber comprado el argumento de que no conviene a México construir más refinerías en nuestro territorio o, por lo menos, actualizar las existentes. Ciertamente, una visión de estadista grande estaría ya desarrollando fuentes alternas de energía porque el petróleo se va a acabar un día; mientras 
eso sucede, hay que seguir usando la gasolina.

Evidentemente se ha dado un cambio en la política de comunicación del gobierno de Peña Nieto. Ciertamente, nos tenemos que soplar en los canales informativos la transmisión en vivo del discurso cotidiano del Presidente, aburrido y torpe. Sin embargo, y dada la situación crítica del país y de la devaluada imagen del Presidente, se optó por acudir a una mecánica ya probada antes. Convocaron a Los Pinos a un grupo selecto de comunicadores —la mayoría periodistas— para explicarles a ellos, y ellos explicaran a sus audiencias, o lectores, que el llamado gasolinazo no sólo era inevitable, pero que es económicamente sano a mediano y largo plazo. Para eso estaban el Presidente, los secretarios de Hacienda y Energía, y el director de Pemex.

Cada uno del medio centenar de asistentes a las dos sesiones sigue hoy contando y elogiando la pretendidamente inédita experiencia y los mensajes, con mayor o menor eficiencia. No importa.

Lo que me inquieta sobremanera es que todos parecen haber comprado el argumento de que no conviene a México construir más refinerías en nuestro territorio o, por lo menos, actualizar las existentes. Ciertamente, una visión de estadista grande estaría ya desarrollando fuentes alternas de energía porque el petróleo se va a acabar un día; mientras eso sucede, hay que seguir usando la gasolina. No nos conviene producirla, parecen haberlos convencido.

El argumento es típicamente empresarial; construir una refinería cuesta decenas de miles de millones de dólares. Nos conviene más gastarnos ese dinero comprándola ya hecha en Estados Unidos. De hecho, el 70 por ciento de la gasolina que nos mueve en México es importada. Y existen —muro, no muro— gasoductos y ductos que nos traen el combustible y en el camino dejan una pizcacha para sus ordeñadores.

El plan de negocios podría parecer convincente, especialmente si los recursos no usados en las refinerías se dedicaran al desarrollo de energías alternas y a los medios de transporte colectivo, local y a distancia, que disminuyan nuestra dependencia del aceite de piedra, que eso quiere decir petróleo. Pero los señores empresarios se olvidan de que hay otros factores de carácter político. Se trata de dignidad, identidad nacional y soberanía, cosas poco frecuentadas por nuestros políticos; pero se trata también de logística.

Supongamos —es un supositorio— que los asesores del presidente Trump le convencen de que si quiere que México pague por el muro en la frontera la mejor manera de convencernos es cerrar el grifo de la gasolina y el gas natural que nos llega de allá.

México tiene reservas de esos combustibles para dos días.

PILÓN.-Creo que en estos años he citado erróneamente a Bertolt Brecht como el autor de estos versos que mejor definen nuestra circunstancia frente a la política nueva —ni tanto— del gobierno de Estados Unidos.

No me da pena, porque igual Brecht hubiera suscrito, como yo, los versos, que versos son, del pastor luterano Martin Niemöller y que hoy reproduzco:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar.

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