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Más le valiera al gobernador de Nuevo León, Jaime Heliodoro El Bronco Rodríguez Calderón, no aparecerse estos días en actos de asistencia masiva. La música de viento resonará con tal fuerza que la acústica de La Scala no resistiría y a la señora madre del ...

Más le valiera al gobernador de Nuevo León, Jaime Heliodoro El Bronco Rodríguez Calderón, no aparecerse estos días en actos de asistencia masiva. La música de viento resonará con tal fuerza que la acústica de La Scala no resistiría y a la señora madre del gobernador el rubor de las orejas se acercaría al ultravioleta.

No es que los propietarios de inmuebles en el municipio más rico del país, San Pedro Garza García, tengan la piel sensible a los incrementos del impuesto predial o que todos los habitantes del estado que posean automóvil protesten por haber mantenido el impuesto por la tenencia de vehículos automotores. Todos sabemos que la tenencia se inventó como una fuente de recursos adicionales para financiar los Juegos Olímpicos de México en el 1968 y que, a la vista de los ingresos logrados, los políticos mexicanos se encariñaron con la contribución.

Todos entendemos la necesidad de los gobiernos de hacerse de recursos para hacer frente a sus gastos, especialmente en estos tiempos de crisis y de manera peculiar ante la grave situación que habremos de enfrentar los mexicanos a partir del domingo que viene, ya no se diga la histeria que habrá de desatarse en cuanto más se acerque el 20 de enero y la toma de posesión de Donald Trump. Poco ha abonado a la tranquilidad de los mexicanos el esfuerzo desplegado por el primer mexicano del país —Carlos Slim— para hacernos entender que el monstruo de la laguna verde de la calle de Pennsylvania no es como lo pintan y que se puede, como en todos los negocios, negociar una buena relación entre Estados Unidos y México.

A pesar de que el ingeniero Slim es el único de las instancias del poder que ha tomado la iniciativa para acercarse al próximo Presidente de Estados Unidos, la indolencia del gobierno federal —aun y cuando el retorno triunfal de Luis Videgaray al gabinete sea una movida de artificio— nos ha dejado a los mexicanos un mal sabor de boca. Vaticina que los tiempos que vienen serán azarosos o película de horror. Las reacciones del gobierno de la República Popular China tienen mayor trascendencia y despiertan mayor preocupación en la Quinta Avenida, al ladito de Tiffany’s, que las figuras retóricas de los personeros de Peña Nieto.

Pero el tema era la aceptación de la figura del llamado gobernador independiente de Nuevo León. La rechifla que los nuevoleoneses le brindaron a su gobernador al aparecerse en la pelea del hijo de Julio César Chávez contra un resistente bulto alemán fue de antología. Y no se trata del rechazo al incremento al impuesto predial y el mantenimiento de la tenencia automotriz. Lo que molesta a los norteños es que la retirada del pago por poseer un automóvil fue una de las promesas de campaña de Jaime Heliodoro y, si Jalisco nunca pierde y cuando pierde arrebata, los norteños no acepan rajaderas y se vengan de los rajados.

Nadie entiende la estrategia del establishment político mexicano estimulando en lo oscurito las esperanzas de Jaime Heliodoro como presunto candidato “independiente” a la Presidencia de México en 2018. Teóricamente, el supuesto carisma del norteño tendrá la virtud de restarle votos a Andrés Manuel López Obrador que —sin duda alguna— es el candidato a vencer para todos los partidos políticos y para los que partido no tienen.

Como si el establishment tuviese un presagio de candidato.

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