Quiero ser el vaso donde bebes

¿A dónde irán los muertos? Mario Montes ? Sube y Baja. A unos kilómetros al poniente de Chilpancingo, capital de Guerrero, un especial recinto está siendo poblado y llegará esta misma semana a cien habitantes. Se trata de un anexo al panteón municipal. Consiste en ...

¿A dónde irán los muertos?

Mario Montes (?) Sube y Baja.

A unos kilómetros al poniente de Chilpancingo, capital de Guerrero, un especial recinto está siendo poblado y llegará esta misma semana a cien habitantes. Se trata de un anexo al panteón municipal. Consiste en unas gavetas horizontales, como las que hace cincuenta años se pusieron de moda en nuestros panteones porque ya no había espacio hacia abajo para los entierros. Ahí, en Chilpancingo, entraron diez cadáveres más, a espera de que alguien los reclame, identifique y retire. Cosa poco probable. El fin de semana pasado se encontraron diez cadáveres en Acapulco; el anterior, ocho.

Puede ser que estos infortunados hayan sido personas portadoras de su credencial del imbécil INE en el momento de su ejecución; así, no tendrán que compartir gaveta con otros muertos anónimos en el cementerio de Chilpancingo. Es cierto que según el gobernador del estado de Guerrero es preferible este destino en el que cada cadáver merece, al menos, un número que la ominosa tristeza de la fosa común. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que estamos cumpliendo diez años de que el expresidente Calderón desató la llamada guerra contra el narcotráfico. Si bien Vicente Fox había dado los primeros pasos rompiendo el pacto no escrito con el crimen organizado, en el que el gobierno se hacía de la vista gorda y respetaba el reparto de zonas y rutas a cambio de que la violencia no saliera del propio negocio de la droga, e involucrando a los hombres de uniforme en el enfrentamiento armado, fue Calderón el que intensificó esa participación. Solamente durante su sexenio se registraron más de cien mil muertos. En lo que va de la administración actual hay que agregar medio centenar de miles.

El general Cienfuegos, secretario de la Defensa, sigue la tradición digna de su cargo de no abundar en declaraciones ni pronunciamientos; el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, el presidente Peña, tiene por el contrario todos los días su dosis de protagonismo mediático. No hay un solo día en que no tenga un acto importante, así sea para colocar la primera piedra de un encendedor; invariablemente tiene que pronunciar un discurso, que es llevado casi en su totalidad por un par de canales de televisión. En comunicación, la saturación cuantitativa de los mensajes provoca un detrimento automático de su intensidad y les priva de trascendencia. El Presidente habla tanto todos los días que si alguna vez dijera algo importante no lo podremos advertir. Con el secretario de la Defensa ocurre, precisamente, lo contrario. El general Cienfuegos acaba de señalar algo que los mexicanos sabemos desde siempre: los soldados no están preparados para ser policías. Ni tienen un estatuto jurídico que les ampare para hacer ese papel ni tienen los recursos legales para desempeñarlo. Es necesario, yo diría que urgente, devolver a los soladados a sus cuarteles para que desempeñen las funciones de defensa de la soberanía, que es lo suyo.

Paralelamente, el gobierno nos está quedando a deber el mantenimiento de la paz social y la seguridad ciudadana. No es solamente Guerrero donde amanecen cadáveres destazados un día sí y el otro también. Sucede en Veracruz lo mismo que en Tamaulipas. Ni Nuevo León ni Michoacán se salvan de este fenómeno que es trágico.

Si todos, comenzando por el gobierno, nos seguimos haciendo patos vamos a necesitar más gavetas como las de Chilpancingo, para guardar los muertos que no saben a dónde irán. 

Temas: