Te acordarás de mí, toda la vida

El miércoles, y aparentemente bajola presión de una voz popular que pocas veces se ha visto en nuestro país,el Presidente aceptó la renunciade Luis Videgaray Caso a la Secretaríade Hacienda y Crédito Público.

Dijo el presidente Enrique Peña Nieto a Carlos Marín, en una entrevista televisiva singular para Grupo Milenio, que en estos tiempos de la internet y la información instantánea “el ejercicio del gobierno implica desgaste”. El tema era, más allá de la anécdota de la visita de Donald Trump a Los Pinos, el deterioro de la imagen presidencial a raíz de una serie de incidentes que inician el periodo con el pésimo manejo operativo y de información de la matanza de Ayotzinapa, aún sin resolver. Una serie de eventos que sigue con el muestrario de tropiezos que protagoniza Alfredo Castillo Cervantes al frente de la Procuraduría de Justicia del Estado de México, de la Procuraduría del Consumidor, de la Comisión para la Seguridad en Michoacán y finalmente con el desempeño de la Conade y la obcecada ratificación de su titular.

El miércoles, y aparentemente bajo la presión de una voz popular que pocas veces se ha visto en nuestro país, el Presidente aceptó la renuncia de Luis Videgaray Caso a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, por haber sido claro inspirador, patrocinador y operador de la ingrata visita del candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos. La renuncia en sí no disminuyó al criticismo que la conducta presidencial había despertado.

En la actitud de Peña durante toda la entrevista con Marín, y en sus expresiones previas y posteriores, hay una reminiscencia de Gustavo Díaz Ordaz en su último Informe. El miércoles 7, el mismo día en que Luis Videgaray dejó su ministerio, al inaugurar un parque ecológico —sabrá Dios lo que eso sea—, Peña Nieto decía: “Soy quien asume las decisiones, plenamente consciente del porqué y para qué las he tomado”. El primero de septiembre de 1969, en su quinto informe, don Gustavo era más preciso y con mejor retórica: “Asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política, histórica, por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado” (Tlatelolco, 1968).

En octubre de 1953, el joven doctor Fidel Castro Ruz (doctor le dicen en el Caribe y el norte de Sudamérica a los abogados) fue sometido a juicio en Cuba por haber conducido el asalto armado al Cuartel Moncada, en el oriente de su país, el 26 de julio emblemático ahora. Castro hizo una brillante disección de la condición de los cubanos, víctimas de injusticia social, ilegalidad política y corrupción, que habían conducido al grupo de jóvenes discípulos de Chibás a la insurrección armada. Castro cerró su alegato con una frase que se hizo icónica en esos tiempos: “Condenadme, no importa; la historia me absolverá”.

Doce años después de ese discurso célebre nació Enrique Peña Nieto. Eso no es impedimento para que acuda a la esencia moral de la postura del cubano. A propósito del zipizape provocado por el desTrumpe más reciente, y en una ciega evocación del viejito Fidel a quien nadie le ha comunicado que ya se murió, el Presidente de México dijo en Zacatecas: “En este ejercicio de gobernar y de asumir la responsabilidad de ser el jefe del Estado mexicano, hay decisiones que a veces no se terminan de entender y comprender en su exacta dimensión y en el momento que se toman… Y quizá hoy no se terminen de entender, pero estoy seguro que llegará el momento que se comprenda el porqué de cada decisión tomada”.

Te acordarás de mí, toda la vida…

O, en otra tesitura, la historia me absolverá.

PILÓN.- Hay que estar muy pendientes de los resultados de las elecciones presidenciales de noviembre ocho en Estados Unidos. Según Trump, si gana, va a “rejuvenecer” al ejército de Estados Unidos para que a los mexicanos ni se nos ocurra entrar en guerra con su país para evitar el pago del muro migratorio. Él sabe que ya tenemos experiencia y que no hay más castillos de Chapultepec; a lo peor, ya no hay Niños Héroes.

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