Cuando al mundo me trajo mi mare…

La ridícula transición de la política electoral en México es un aborto de la inteligente reforma política que Reyes Heroles maquinó y a la que López Portillo dio su venia.

                ...sin contar con mi venia pa’ná.

Los medios nos han acostumbrado a una suerte de maniqueísmo histórico. En la lucha por el poder, las cosas son negras o blancas, dictatoriales o laxas. No hay más que dos sopas y, dice la tradición, la de fideos ya se acabó; así que os jodéis. Gracias a este axioma, alternativamente nos han gobernado republicanos y demócratas aquí muy cerca, tories y laboristas en la Gran Bretaña, rojos y colorados al sur del continente, republicanos o franquistas en la península, social-demócratas o cristiano-demócratas en Alemania, negros o blancos en África del sur, panistas, priistas o perredistas —son los mismos— en México.

La ridícula transición de la política electoral en México es un aborto de la inteligente reforma política que Reyes Heroles maquinó y a la que López Portillo dio su venia: se transformó, de una apertura a las minorías silenciadas, oprimidas y perseguidas, en un reparto de un erario que, como dijo don José López Portillo presidente, escuchando a la oreja a Jorge Díaz Serrano, nos tenía que enseñar a administrar nuestra riqueza petrolera.

Desde luego que es una cuestión de liderazgo; cuando Winston Churchill sucumbió con vaso de whisky en mano, se acabó una estirpe. Pasaría lo mismo con Charles de Gaulle. El intento de Jack Kennedy acabó con un balazo todavía confuso en Dallas. Aparentemente, los liderazgos políticos hoy en día no se miden en puntos de rating sino en impactos de Twitter.

De España nuevamente nos llega un impulso político notable. La tercera fuerza. La que no tiene etiqueta ni —aparentemente— cola que le pisen. La fuerza ciudadana que en México comenzó por corromper su nombre como lo había hecho el Partido Verde. Jorge Castañeda Gutman sabe de esto: fincó su prestigio en haber sido canciller irreverente de Vicente Fox y ser más tarde el primer candidato ciudadano, sin partido, a la Presidencia de la República.

No hay candidez en la actitud de Jorge. En política eso no existe. Sin embargo, en la ventana que nos abre España existe un respiro mexicano. La partidocracia de nuestro país, beneficiaria máxima de la ubre presupuestal, se ha empeñado en bloquear las posibles candidaturas ciudadanas. En México, Castañeda se hizo de respetable fama pública. En Estados Unidos, Ross Perot se gastó una lana para comprar la Presidencia de su país. Se la pellizcó.

Vamos a soñar, por un rato, que no estamos en Estados Unidos.

PILÓN.- Me movió hasta las lágrimas el “Patriot”-ismo de Felipe Calderón y su aspirante esposa, con las camisetas de New England, todo por cortesía de PepsiCo. Igualmente Patriots el cuñado de Calderón, Ignacio Zavala, y el senador Cordero en las redes “sociales”.  Después de todo, los Patriotas ganaron por una intercepción. Claro, los más baratos boletos para el Chuper Bowl andaban en los ocho mil dólares por cabeza. Al final del día, si Ernesto Zedillo puede ser empleado de los dueños de los obsequiados ferrocarriles Nacionales de México, who cares?

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