El Atorón

¿Alguien se acuerda que un día mataron a Luis Donaldo Colosio y no sabemos a ciencia cierta quién fue?

Hágale como usted quiera, yo le grito a quien yo quiera

Los Titanes de Durango, El Atorón

No sé si el presidente Enrique Peña Nieto se hizo eco del rector José Narro o al contrario; lo cierto es que los dos coincidieron en el juicio de que no podemos quedarnos atrapados en la tragedia de Ayotzinapa, criterio ampliamente compartido en la sociedad. No obstante, la impresión que queda después de los anuncios del martes es que nos encontramos en un atorón evidentemente insoluble de posturas intransigentes de origen.

Hagamos una comparación. Dice el procurador Jesús Murillo Karam que la verdad histórica es que los normalistas fueron secuestrados, entregados, asesinados, incinerados y sus restos fragmentados y echados al río; los voceros de los padres de estos muchachos sostienen que no hay certeza jurídica ni evidencia científica de que así sea.

El gobierno mexicano afirma que los jóvenes están muertos y calcinados; la otra parte afirma que están vivos y ocultos en algún sitio. El exhaustivo material que aportó la PGR sobre el caso documenta, con 39 confesiones, la hipótesis tres veces expuesta por Murillo Karam desde noviembre. Cuatro criminales despiadados y explícitos en su narrativa no pueden estar equivocados. Los voceros de los padres dicen que no se puede dar más crédito a criminales que a las víctimas. La autoridad afirma categóricamente que no hay un solo indicio de que en los malhadados hechos haya participado el Ejército mexicano, ni tan siquiera un grupo de soldados. La contraparte afirma que elementos del 27 Batallón de Infantería de Iguala participaron; en alguna afirmación peregrina llegaron a decir que los jóvenes estarían recluidos en cárceles militares secretas o incluso en morgues castrenses. La conclusión de la PGR es que los estudiantes están muertos. El grupo contrario dice que vivos se fueron y vivos deben regresar.

Cada quien puede hacer su propio juicio sobre la solidez o flaquezas de los argumentos presentados. Es obvio el esfuerzo del Ejecutivo por darle a su explicación la mayor credibilidad posible, dados los recursos científicos disponibles, incluyendo extranjeros, y lo escaso de las pruebas palpables. También lo es que la actitud de los familiares de los ya definitivamente muertos tiene un fundamento más bien místico, avivado por el oportunismo político de quienes los están utilizando.

Lo indiscutible es que las posturas han tomado la forma del dogma. Las cosas son así porque son así; y porque lo digo yo. El gobierno no va a modificar un dictamen que pretende ser definitivo aunque todavía queden asignaturas pendientes en la captura de presuntos culpables evadidos y presuntos responsables por consignar apropiadamente, como la pareja del poder de Iguala.

Este callejón debe tener, necesariamente, una salida. La opción uno es desgastante y torpe. Seguir en la insistencia absurda del retorno de los vivos para el beneficio de los más vivos. La opción dos es triste y cínica: apostarle al desgaste y al cansancio. ¿Alguien se acuerda que un día mataron a Luis Donaldo Colosio y no sabemos a ciencia cierta quién fue?

Pilón.- Por decisión propia, yo hice mi servicio militar como “anticipo de incorporación”, dos años antes de estar obligado. La mínima experiencia castrense ayudó a mi desarrollo personal y cívico. Hoy me entero de que senadores del PAN, PRD y PT promueven cambios en la ley para que prohíba a los menores de 18 años incorporarse al Ejército, y no sé por qué. No obstante, y ya que están en eso, ¿podrían también legislar que se prohíba a los menores ser reclutados como halcones o sicarios?

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