Alfonso Reyes: del derecho a la poesía

La historia del derecho también se escribe en las cartas. En ellas permanecen las conversaciones que la distancia no consiguió interrumpir, las afinidades intelectuales y las amistades que contribuyeron a construir la cultura hispanoamericana.  

Beatriz Saavedra Gastélum 

El pasado viernes 16, representamos al presidente de la Academia Mexicana de Derecho Internacional (la más antigua de América) el doctor Manuel Reguera, en el Ateneo Español. Evento con motivo de la donación el 13 de octubre de las cartas de Alfonso Reyes a la Capilla Alfonsina, antigua residencia del jurista, diplomático y escritor mexicano.

Las cartas que el jurista dirigió al poeta uruguayo Ángel Aller, en un acto que reafirma la importancia de preservar el patrimonio documental y la memoria intelectual de América, fueron físicamente entregadas por Rosalía Aller, escritora y nieta del poeta, quien llegó de España para depositar este valioso testimonio en la casa de su autor, el 13 de octubre pasado. La donación incluyó también un libro de poemas de Ángel Aller, acompañado de un texto de presentación escrito por Alfonso Reyes. 

La recuperación de estas cartas fue posible gracias a la gran labor de la poeta y escritora mexicana Beatriz Saavedra Gastélum, directora del Centro de estudios de la Mujer de la Academia Nacional de Historia y Geografía, de la UNAM, estudiosa de Alfonso Reyes. 

Saavedra ha dedicado parte de su trabajo académico y literario a difundir la obra alfonsina mediante libros, conferencias y actividades culturales dentro y fuera de México. En el acto estuvo presente el director de la Capilla, el doctor Javier Garciadiego, reconocido historiador.

Para el ámbito jurídico, este acontecimiento posee una resonancia particular. Alfonso Reyes, una de las figuras fundamentales del humanismo mexicano, fue abogado. Estudió en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, antecedente de la UNAM. El 16 de julio de 1913 presentó su examen profesional con la tesis Teoría de la sanción, trabajo en el que examinó las relaciones entre el derecho, la moral y la conducta humana. Su desempeño como diplomático mexicano contribuyó notablemente a los principios del derecho internacional, su formación jurídica dejó una huella importante en su pensamiento. Reyes vislumbró que las normas no podían separarse de los problemas éticos y que la cultura debía contribuir a construir una convivencia fundada en la responsabilidad, la justicia y el respeto.

En las páginas del Romance del gaucho perdido de Aller, reconoce la vitalidad del romancero castellano en tierras americanas, aquellos versos sonaban con sus “buenas espuelas castellanas del Uruguay”. El caballo y el ritmo octosilábico le permitieron reconocer una tradición llegada desde España, encontró en América nuevas formas de expresión.

Rosalía Aller agradeció a Saavedra el cariño con el que ha presentado la obra de Reyes en distintos países. Reconoció que esa dedicación y ese afecto por el jurista, diplomático, filósofo y escritor mexicano fueron decisivos para entregar las cartas familiares a la Capilla Alfonsina.

Alfonso Reyes encontró en España no solamente un territorio de exilio, sino también una patria intelectual donde estableció profundas relaciones con escritores, filósofos y académicos. Aquellos vínculos continúan fortaleciéndose mediante encuentros que recuperan su legado y prolongan su vocación universalista. Así, la amistad entre Reyes y Ángel Aller adquiere una nueva resonancia: la palabra como puente entre generaciones y naciones, capaz de mantener vivos los lazos culturales que el escritor mexicano construyó a ambos lados del Atlántico.

Sebastián Ponce H., académico de la ANHyG-UNAM, manifestó que para quienes estudiamos Derecho, la lección de este trascendental acto es profunda. Preservar la memoria es una forma de responsabilidad cultural. 

“La justicia no se agota en las leyes; también exige reconocer el valor de los testimonios que permiten comprender nuestra historia”.

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