La semana más transparente del año (I)

Quienes por una u otra razón nos quedamos en la Ciudad de México durante esta Semana Mayor, hemos disfrutado lo que, parafraseando a Carlos Fuentes, me he atrevido a llamar la semana más transparente del año. La Ciudad de México es una de las ciudades más contaminadas ...

Quienes por una u otra razón nos quedamos en la Ciudad de México durante esta Semana Mayor, hemos disfrutado lo que, parafraseando a Carlos Fuentes, me he atrevido a llamar la semana más transparente del año. La Ciudad de México es una de las ciudades más contaminadas del planeta. La contaminación es un gran problema que aumenta día a día. Pero en esta semana la ausencia de millones de vacacionistas y sus vehículos ha vuelto nuevamente respirable nuestra atmósfera.

El problema comenzó aproximadamente en los años setenta y hasta ahora no ha habido ninguna propuesta de solución que acabe con un conflicto que ya está muy aumentado desde su inicio hasta la actualidad. La contaminación es el conjunto de sustancias químicas y dañinas para el medio ambiente. Pero, desafortunadamente, ésta proviene del hombre, pues la naturaleza no desprende por sí sola ninguna sustancia nociva para el planeta. Ahora bien, los contaminantes no son todos iguales, pues existen diferentes tipos y en algunos países normalmente se clasifican en tres: biodegradables, no biodegradables o de degradación lenta. El aire que se considera limpio es aquel que se compone por nitrógeno y oxígeno, el desequilibrio ocurre cuando se generan sustancias nocivas para el ambiente.

Las consecuencias de la contaminación son muchas y todas son malignas. En la Ciudad de México, la que más provoca daños es la contaminación por las emisiones de vehículos.  El dióxido de sulfuro y el dióxido de nitrógeno son dos de los agentes más perjudiciales para la salud. Sus efectos van desde irritación de ojos, nariz y garganta hasta infecciones respiratorias, como bronquitis y neumonía. Y a largo plazo pueden significar infecciones respiratorias crónicas, cáncer de pulmón, problemas cardiacos e incluso daño cerebral y al sistema nervioso.

Los automotores representan una fuente importante de contaminación del aire. El parque automotor incluye un numeroso y activo conjunto de vehículos propulsados por la combustión de hidrocarburos. Las emisiones procedentes de los escapes de estos vehículos son una de las fuentes más importantes de contaminantes del aire en la Ciudad de México, por eso se cuenta con dos programas para que los vehículos tiendan a una menor emisión de contaminantes: “verificación vehicular” y “el Hoy No Circula”.

México está más de diez años atrasado con respecto de Estados Unidos en cuanto a normatividad de control de emisiones. Esto podría reducirse drásticamente si se endurecieran los estándares de calidad de los combustibles y los parámetros establecidos para la tecnología de los nuevos coches que salen de fábrica. Aunque algunos autos nuevos ya cuentan con mejoramientos en la oxigenación del combustible, controles electrónicos para motores o catalizadores de tres vías, se requieren muchas más tecnologías, pero algunas de ellas no son compatibles con el alto contenido de azufre en los combustibles. Tan sólo el 20% de la gasolina que se consume en México es de bajo contenido en azufre, la tipo Premium e incluso así es tres veces más alta que la baja en azufre del país vecino, al tener 30 partes de azufre por millón. Los altos niveles de azufre reducen el rendimiento de los convertidores catalíticos y aumentan las emisiones de partículas y contaminantes del aire.

En la Metamorfosis del próximo jueves continuaré analizando este importante tema.

Twitter: @alzati_phd

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