Ni petróleo ni deuda

La nación mexicana es titular única, inalienable e imprescriptible de los recursos naturales del subsuelo del territorio nacional y sus aguas territoriales. Esos derechos los adquirió originaria y directamente como herencia de la Corona Española al obtener su ...

La nación mexicana es titular única, inalienable e imprescriptible de los recursos naturales del subsuelo del territorio nacional y sus aguas territoriales. Esos derechos los adquirió originaria y directamente como herencia de la Corona Española al obtener su independencia. Como en muchos otros países, se trata de derechos inherentes e inseparables de la soberanía. Son derechos soberanos del soberano. Y en México el soberano es la nación. No el pueblo, no el Estado, no el gobierno, no Pemex. La nación y sólo la nación. Nadie puede ser despojado de lo que no posee aún. Y es fundamental entender que los recursos del subsuelo en materia de hidrocarburos son derechos a una riqueza que probablemente exista, según los mejores datos disponibles, pero no son “petróleo” ni gas, hasta que en efecto se les localice con precisión, se perfore y se les extraiga.

Hoy, México requiere del concurso de entidades privadas y mixtas, nacionales y extranjeras, que aporten conocimientos tecnológicos, destrezas gerenciales, redes logísticas y comerciales, además de recursos financieros de los que, hoy por hoy, no disponemos y que resultan indispensables para convertir nuestras presunciones geológicas, sobre todo en aguas profundas en “nuestro petróleo” y luego éste en riqueza efectiva y duradera. Se vuelve imperativo configurar las alianzas y adquirir las tecnologías y los capitales que, compartiendo el riesgo de emprendimientos formidables, nos permitan llevar al mercado global los hidrocarburos de nuestras reservas de aguas profundas. Para ello se necesitan destrezas tecnológicas avanzadas y miles de millones de dólares anuales, que hoy no tenemos, dado que las mayores reservas están en aguas profundas del Golfo de México.

Además, no conviene que México asuma por sí solo los inmensos riesgos asociados a una operación de tal envergadura y de tales complejidades e incertidumbres. Piénsese tan sólo en la catástrofe nacional que confrontaríamos si México tuviera que hacer frente por sí solo a las reparaciones de daños resultantes del descontrol de un pozo en aguas profundas del Golfo de México, tal y como le ocurrió a British Petroleum.

La Reforma Energética permite ahora que Pemex se asocie con empresas en modalidades que incluyen desde contratos de servicios de utilidad o producción compartida o de licencias, para la exploración y extracción de crudo e hidrocarburos sólidos, líquidos o gaseosos. México sigue y seguirá siendo siempre propietario de los hidrocarburos de su subsuelo, sea en tierra, en aguas someras o en aguas profundas. Como ya mencioné, la nación mexicana es y será siempre titular única, inalienable e imprescriptible, de los recursos naturales del subsuelo del territorio nacional y sus aguas territoriales.

Es bien sabido que el crecimiento económico de México se ha mantenido muy por debajo de su potencial. Y que esto ha sido factor decisivo en la acumulación de rezagos sociales y subocupación que contribuyen a la inseguridad y la violencia. Pero tratar de crecer con base en gasto y crédito por decreto y a contrapelo de la economía mundial puede tener consecuencias catastróficas. La clave del crecimiento de México no está ni estará ya en el petróleo ni en el gasto público, sino en la inversión innovadora. Ante las presiones financieras inmediatas será la firme prudencia demostrada por el doctor Luis Videgaray Caso, desde la SHCP, y el doctor Agustín Carstens, desde el Banco de México, la que establezca las firmes bases de la prosperidad nacional, a tiempo y en su tiempo.

                Twitter: @alzati_phd

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