Un milagro mexicano de emergencia
En nuestro país hay muchos pobres y muchos jóvenes. Por eso México no puede seguir dándose el lujo de no tener crecimiento económico o tenerlo a las tasas mediocres de los años recientes. De seguir así, el Estado, en todas sus expresiones y niveles, terminará por ...
En nuestro país hay muchos pobres y muchos jóvenes. Por eso México no puede seguir dándose el lujo de no tener crecimiento económico o tenerlo a las tasas mediocres de los años recientes. De seguir así, el Estado, en todas sus expresiones y niveles, terminará por ceder el poder al crimen organizado, es decir, a la violencia ilegítima. Por fortuna, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto puede reactivar de inmediato el crecimiento de la economía y el empleo, así sea temporal, en las regiones más atrasadas y vulnerables, como, por ejemplo, Chiapas y Guerrero, y en aquellas con mucho potencial productivo y muchos votos, como, por ejemplo, Puebla, Veracruz y Oaxaca.
El primer paso es poner en marcha, sin demora, la construcción de obras de infraestructura de gran calado e impacto socioeconómico que vuelvan atractivas esas regiones para la instalación de plantas manufactureras, automotrices, electrónicas de electrodomésticos, etcétera, orientadas tanto a la exportación como al mercado doméstico que ellas mismas irían generando al emplear a trabajadores con ingresos crecientes, en paralelo con su cada vez mayor productividad.
Para ese fin se invitaría a desarrollar esa infraestructura a las grandes empresas constructoras nacionales y extranjeras que hoy, en virtud de la recesión global, disponen de recursos y capitales ociosos. Se emplearía, para ello, un modelo de asociación público-privada (APP) en el que la recuperación de la inversión privada se daría a través de las cuotas que se cobrarían por el uso de las carreteras, puertos, centros logísticos así construidos. Los gobiernos estatales aportarían los terrenos y derechos de vía que, a tal efecto, expropiarían sin indemnización por causa de utilidad pública. Este programa debería ser encomendado a la SHCP, con el apoyo eficaz de la SCT. Se elegirían exclusivamente proyectos con fuente propia de repago: autopistas y carreteras de cuota (no de Capufe), puestos y aeropuertos de cuota, centros logísticos de cuota, etcétera.
En paralelo, el gobierno federal debería crear una comisión de atracción de inversión innovadora, austera pero eficaz, que haga el trabajo que no parecen estar haciendo ni Proméxico (¿a qué se dedica?) ni la Secretaría de Economía, donde Ildefonso Guajardo sólo es un sirviente de los industriales de Nuevo León, los que, por desgracia, perdieron la brújula global desde la prematura muerte de Lorenzo Zambrano y no parecen encontrarla, con la excepción de los cerveceros.
Esta tarea debe estar en las manos del secretario de Hacienda y Crédito Público, quien puede poner en marcha, desde ahora, el gran diseño de política industrial que nos permita atraer grandes inversiones de contenido innovador y conectarnos, sin demora, con los sectores y las regiones que emergerán como líderes de la siguiente etapa de crecimiento global. Apenas un paso atrás debe ir el despliegue de la red de planteles de Conalep (ver en YouTube el video sobre el Conalep de Mazapil, Zacatecas) para dotar rápidamente de operarios diestros a las plantas industriales que se establezcan en estas regiones. A este esfuerzo deberá sumarse Aurelio Nuño Mayer, quien debe echar mano de las cada vez más numerosas opciones de tecnología educativa y de interacción a distancia. Enrique Peña Nieto es hoy el mejor calificado para resolver las crisis que tienen estancado a México. Y tiene en Luis Videgaray Caso a su más leal y eficaz colaborador.
Twitter: @alzati_phd
