El reto del crecimiento ante la recesión global

Nada ni nadie escapa a los efectos del cambio tecnológico, exponencialmente veloz y acumulativo. Y esto reclama nuevas instituciones. La crisis social y la marginalización de millones de personas, desplazados del empleo tradicional por la acelerada automatización de los ...

Nada ni nadie escapa a los efectos del cambio tecnológico, exponencialmente veloz y acumulativo. Y esto reclama nuevas instituciones. La crisis social y la marginalización de millones de personas, desplazados del empleo tradicional por la acelerada automatización de los procesos productivos, no permite el gradualismo. La  tendencia es ya irreversible y su predominio global patente, a pesar de que, por ahora, se manifiestan como crisis, en tanto se consolidan los profundos cambios institucionales y culturales necesarios para su pleno despliegue. Las naciones que se pongan a la vanguardia de las transformaciones, adelantándose en la construcción de las instituciones, infraestructuras y capacidades sociales que demandan, darán un gran salto adelante. ¿Podrá México convertirse en una de esas naciones exitosas?

La primera  tentación a vencer —en medio de la contracción global del crédito y la inversión— será la del proteccionismo que, de aceptarlo, haría de México un paria y nos aislaría de los flujos globales de innovación, inversión y comercio. También es relevante hacer conciencia sobre el cambio climático global. Las masas del planeta se han vuelto “verdes”, selectivas y, por eso, ante el azaroso futuro de la Tierra, premian las decisiones de países, empresas, productos y políticas.

No habrá recuperación ni nuevos empleos, ni prosperidad sin que se realicen ajustes de fondo. Asistimos al principio del fin del modo de producción industrial, así como a la desaparición del trabajo asalariado y su reemplazo por nuevas modalidades de colaboración descentralizada y no subordinada. Modalidades de libre ocupación que, en las próximas décadas, se generalizarán hasta volverse predominantes. Frente a las adversas condiciones, México debe preservar una economía estable y con un crecimiento sostenido.

Esto significa conducir la política económica nacional con responsabilidad y eficacia para defender la estabilidad macroeconómica y, así, sentar las bases para el crecimiento. Todo esto, ante los riesgos que podrían resultar de condiciones externas de desaceleración global. La dinámica del crecimiento acelerado exige atraer  inversión extranjera directa e innovadora, capaz de generar nuevos sectores e industrias con potencial para incrementar el rendimiento de cadenas productivas.

Pero alcanzar y sostener el crecimiento exige compromisos de inversión productiva por parte de los empresarios nacionales y extranjeros, líderes en los sectores más dinámicos. Pero nadie comprometerá sus recursos, a menos de que encuentre confiable el compromiso de las autoridades del país, mismas que deberán buscar como meta el alto crecimiento de las políticas públicas, a las cuales se subordinan todos los demás objetivos. El Presidente y su gabinete comprometieron el prestigio de su gobierno. De hecho, así lo han defendido, en diversos foros, el Presidente Peña Nieto y el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso. México tiene el liderazgo para crecer. Ya es hora de detonar la estrategia de alto crecimiento sostenido e incluyente.

                Twitter: @alzati_phd

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