Una política exterior para un México sin El Chapo

La canciller Claudia Ruiz Massieu tiene la oportunidad y el reto de desplegar una estrategia eficaz de política exterior que remonte la coyuntura inmediata y evite que México sea visto internacionalmente como “el país de El Chapo”, un país dominado por ...

La canciller Claudia Ruiz Massieu tiene la oportunidad y el reto de desplegar una estrategia eficaz  de  política exterior que remonte la coyuntura inmediata y evite que México sea visto internacionalmente como “el país de El Chapo”, un país dominado por narcotraficantes y delincuentes. Le toca la tarea de restablecer el prestigio de México como destino atractivo y seguro para la inversión innovadora. Le corresponde recuperar la voz de México en el concierto global, conforme transcurran las próximas décadas y se haga cada vez más evidente el derrumbe del imperialismo hegemónico y la obsolescencia de los nacionalismos belicosos, así como su reemplazo por instituciones supranacionales y, eventualmente, planetarias, capaces de afrontar con efectividad los retos globales.

En el marco de estas nuevas arquitecturas institucionales, el poder de decisión se expresará mediante liderazgos activamente sensibles a los consensos y a las sensibilidades de un mundo políticamente multipolar y económicamente interconectado e interdependiente. Es hora de retomar nuestro legítimo sitio en los organismos multilaterales y rescatar nuestra tradición de política exterior para que vuelva a ser orgullo de México y de los mexicanos. Las  inmortales hazañas diplomáticas de Matías Romero, Isidro Fabela y Alfonso García Robles están ahí para mostrarnos el rumbo.

En este contexto, México tiene que rediseñarse como una nación integrada en la economía global interdependiente y esto significa diversificar los intercambios del país de manera multidireccional y descentralizada. Quizás a la larga México consiga estar en la liga de las naciones líderes en la producción de innovaciones con impacto global. Pero, por ahora, la viabilidad de México como proyecto nacional independiente y viable en el largo plazo dependerá de que, sin demora y a la mayor escala posible, todos los agentes relevantes del quehacer nacional concierten un esfuerzo para desplegar las infraestructuras indispensables para atraer, adaptar y potenciar las actividades innovadoras que de manera exponencial van haciendo explosión a escala planetaria. No se trata de desligarnos de los Estados Unidos y Canadá, sino de potenciar estos vínculos al tiempo que desplegamos otros igualmente intensos, sólidos y duraderos con los múltiples polos del nuevo crecimiento global. Europa, Brasil,  India, China y el resto del mundo son retos y oportunidades que no podemos dejar pasar.

La primera tentación a vencer, en medio de la contracción global del crédito y la inversión, será la del proteccionismo que haría de México un paria internacional y nos aislaría de los flujos globales de innovación, inversión y comercio. También adquiere relevancia la irreversible conciencia planetaria sobre el cambio climático global. Las masas del planeta se han vuelto “verdes” y crecientemente selectivas. Hoy premian en todas sus decisiones a los países, empresas, productos y políticas responsables ante el futuro de la tierra.

Es hora de que México retome su prestigio como promotor y líder de las mejores causas de la humanidad: la paz mundial, el asilo a los injustamente perseguidos, la preservación del medio ambiente global, el impulso mundial a la ciencia y la cultura, el mejoramiento global de la condición de niños y mujeres.  Éstas y otras semejantes son banderas que Claudia Ruiz Massieu debe enarbolar con la dignidad y eficacia, más allá del éxito inmediato en acuerdos bilaterales de inversión y cooperación.

                Twitter: @alzati_phd

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