Ni son todos los que están, ni están todos los que son

La política, obra de las circunstancias, según dicho certero de Adolfo Ruiz Cortines, que algo entendía de estas cosas, debe ser el motivo de que, a la mitad de su mandato, Enrique Peña Nieto mantenga intocadas las posiciones de poder de numerosos enemigos de su ...

La política, obra de las circunstancias, según dicho certero de Adolfo Ruiz Cortines, que algo entendía de estas cosas, debe ser el motivo de que, a la mitad de su mandato, Enrique Peña Nieto mantenga intocadas las posiciones de poder de numerosos enemigos de su proyecto de cambio y las reformas estructurales que ya ha conseguido plasmar en la Constitución. A Peña Nieto le queda de frente la ardua tarea de transformar las reformas en instituciones, políticas públicas y realidades tangibles en la vida de millones de mexicanos. De hacerlo en cada estado, municipio, ciudad, ejido y ranchería de la vasta geografía nacional. Y deberá hacerlo al tiempo que su poder real declina hacia la fecha inexorable en que su sucesor tomará nombre e identidad precisa en la decisión de la mayoría de los votantes, conforme nos acercamos día con día al 1 de diciembre de 2018.

No son todos los que están. Por eso, es hora de ir sacudiendo el follaje del árbol de la gran burocracia y sus federaciones sindicales, de las organizaciones obreras y campesinas afines al gobierno y subvencionadas por el erario; de los sindicatos magisteriales, todavía leales a un liderazgo del pasado, soberbio y criminal; de los contratistas privilegiados por la asignación corrupta de jugosísimos contratos de obra pública y de otras frutas invadidas de alimañas prontas a apuñalar por la espalda al mandatario que se va. Todo expresidente ha probado los frutos amargos de la ingratitud y la traición. Peña Nieto no será la excepción y debe prevenirlo desde ahora cuando todavía puede, desarticulando las fuerzas de quienes intentarán desmontar su proyecto y revertir las reformas que, largamente pospuestas, son indispensables para dar a los mexicanos un porvenir de prosperidad, y han afectado sus intereses mezquinos, minoritarios y retrógrados. Peña tiene tiempo para despejar el horizonte del porvenir de la Patria. Pero tiene cada vez menos y no debe titubear. Es ahora o nunca, señor Presidente. No están todos los que son. Peña y sus leales, los que han probado serlo en la crisis, cuando todo parecía derrumbarse y los aduladores cortesanos que dejaron de aplaudir y miraban para otro lado, saben que disponen de amplia reserva de talento, liderazgos y fuerzas sociales realmente convencidos de la bondad y necesidades de las reformas que impulsó. Destacan quienes han apoyado la Reforma en Telecomunicaciones sin temor al poder oligopólico. Y quienes han tomado con valentía y determinación la bandera de la Reforma Educativa, la más trascendente de todas. A estos debería tenerlos más cerca. Abriéndole paso y cuidándole las espaldas. Es hora de que dejen de estar los que no son. Y de que estén donde les corresponde los que no están aunque sí son. Es verdad, la política es obra de las circunstancias, pero un político y estadista sagaz debe saber cómo moldearlas a las necesidades de su proyecto. Peña Nieto es de ese calibre. 

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