¿Qué necesita México para crecer?
Los detonadores de una estrategia de alto crecimiento sostenido e incluyente son dos: 1 La voluntad política, pública y expresamente comprometida por el más alto liderazgo de la nación, secundado por compromisos de todos los sectores económicos y sociales, para ...
Los detonadores de una estrategia de alto crecimiento sostenido e incluyente son dos: 1) La voluntad política, pública y expresamente comprometida por el más alto liderazgo de la nación, secundado por compromisos de todos los sectores económicos y sociales, para alcanzar tasas de crecimiento económico suficientes con el fin de eliminar la desocupación masiva estructural en no más de dos décadas, incorporando a toda la fuerza de trabajo “excedente” en ocupaciones productivas; y 2) la reactivación de una economía estancada, mediante la inyección de flujos masivos de inversión extranjera directa, que incorporen innovación y que vinculen a industrias, sectores y regiones de la economía mexicana con la demanda por servicios y productos generada por los sectores, industrias y regiones más dinámicos de la economía global. Por desgracia, desde hace tres años y hasta ahora, ni el presidente Enrique Peña Nieto ni su gabinete ni los dirigentes empresariales formales han expresado públicamente un compromiso claro y creíble con una meta de crecimiento alto y sostenido.
Estos son los motores de arranque, pero no bastan por sí solos para lograr que el alto crecimiento sea sostenible e incluyente. Para conseguirlo es indispensable que a los sectores e industrias líderes se vinculen, como proveedores de insumos y de diversos bienes y servicios, un gran número de empresas hasta integrar amplias cadenas productivas interconectadas, que permitan que el alto crecimiento se generalice y se vuelva incluyente. Todo esto no ocurrirá con la agilidad necesaria si desde el gobierno federal y los gobiernos locales no se despliega ya un esfuerzo para facilitar el surgimiento de nuevas empresas y el resurgimiento de las existentes. De esta manera se crearán condiciones adecuadas de competencia económica y eliminación de requisitos y formalidades innecesarias y onerosas, para así eliminar las barreras de entrada y las complejidades burocráticas que inhiben el talento emprendedor de los empresarios mexicanos, sobre todo de los medianos y pequeños.
El otro gran requisito para que el alto crecimiento se generalice y se vuelva incluyente es que el crédito y el financiamiento en todas sus modalidades fluyan con agilidad hacia las actividades productivas, sobre todo para las empresas medianas, pequeñas y las más innovadoras, que en general son, coincidentemente, las que más ocupación generan por unidad de inversión. Para que esto suceda es necesario reducir, hasta su mínimo indispensable, los requerimientos financieros del sector público a fin de que la emisión de bonos de deuda pública se delimite y deje de absorber la mayor parte del ahorro confiado por el público al sector financiero.
Sólo de esta manera volverán el crédito y el financiamiento a estar disponibles para las inversiones productivas de las empresas. El tenaz esfuerzo desplegado por el doctor Luis Videgaray desde la Secretaría de Hacienda para mantener el equilibrio de las finanzas públicas es un acertado avance en esta dirección. Si se cumplen los dos elementos estratégicos arriba citados, el regulatorio y el financiero, el dinamismo del crecimiento podrá generalizarse para llevar oportunidades y bienestar a los mexicanos. Así generaremos una economía plenamente moderna en una sociedad integrada y sin extremos. Antes del veredicto de las urnas en el 2018.
