El Conacyt y la innovación disruptiva

Los procesos de innovación se concentran en países desarrollados, lo que ha generado que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos OCDE proponga la innovación abierta como una política pública que promueva la importación y exportación de ...

Los procesos de innovación se concentran en países desarrollados, lo que ha generado que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) proponga la innovación abierta como una política pública que promueva la importación y exportación de productos innovadores. En esta estrategia se requiere que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que con acierto encabeza el doctor Luis Videgaray Caso, conceda trato preferencial a la importación de tecnologías de esta clase.

No obstante, México necesita ir más allá y adoptar una estrategia de innovación proactiva. En las últimas dos décadas, a partir del trabajo pionero de Clayton M. Christensen, se ha generado un amplio consenso en la literatura y las escuelas de negocios en cuanto a que son las empresas el actor fundamental en los procesos de innovación que permiten al progreso tecnológico producir valor económico tangible.

El análisis de la evidencia permite distinguir la innovación gradual y continua, centrada en el mejoramiento de un producto o servicio establecido, de la innovación disruptiva que da lugar a productos y servicios totalmente novedosos y genera mercados inicialmente incipientes, pero que se vuelven dominantes en un proceso de crecimiento exponencial. En estos casos, el avance tecnológico genera el mayor valor económico, incluso con alcance global.

Estimular entre las empresas la innovación disruptiva es la palanca fundamental de una estrategia de crecimiento económico elevado y sostenido. Corresponde al Conacyt, dirigido por el doctor Enrique Cabrero Mendoza, establecer y aplicar las políticas públicas para generar procesos exitosos de innovación disruptiva. Estos procesos producirán una demanda creciente de los servicios de los centros de investigación y desarrollo, ya sea que se sostengan con fondos públicos o privados. Es responsabilidad del Conacyt conocer la realidad presente de los procesos de innovación en las empresas activas en México, caracterizándolas por tamaño, industria y región; distinguir las empresas que sólo hacen adaptación de tecnologías llave en mano y las que hacen innovación continua, de aquellas que hacen o están en condiciones de detonar procesos exitosos de innovación disruptiva. Particularmente, aquéllas con potencial para tener impacto global.

Es urgente delinear las políticas públicas y los instrumentos que permitan al Conacyt poner en práctica un programa nacional de innovación con impacto sustantivo y tangible sobre el desarrollo industrial, el crecimiento económico de México y la generación de ocupación productiva y remunerada. La estrategia tendría como finalidad no sólo promover este concepto, sino también que los fondos se utilicen de manera eficiente y eficaz; que se publiciten los casos de éxito para construir una reputación que sirva como medio de promoción y atracción de más proyectos, con el fin de que la estrategia sea continua, persistente y sustentable. El financiamiento de la innovación debe fluir a través de la elección de planes de negocios y no de prototipos. Conacyt debe estar en coordinación con el sistema de banca de desarrollo, en particular con Banobras, que acertadamente dirige Abraham Zamora Torres, para que financie la infraestructura necesaria para el éxito de los proyectos de innovación. Ésta es la fórmula sencilla y poderosa para hacer de México una potencia industrial globalmente exitosa. No hay de otra.

Twitter: @alzati_phd

Temas: