Salarios justos para crecer

La represión salarial, pretendiendo hacer del empobrecimiento una supuesta “ventaja competitiva” global, es insostenible.

Un salario justo es el que retribuye cabalmente a cada trabajador su contribución a la productividad marginal de la empresa que lo ocupa. La represión salarial, pretendiendo hacer del empobrecimiento de los trabajadores una supuesta “ventaja competitiva” global, es insostenible en una dinámica de crecimiento basada en el conocimiento. Además, acaba por socavar el crecimiento, al impedir el incremento de un mercado interno de consumo que haga a la economía menos vulnerable ante los vaivenes de la economía global.

Si el fin del crecimiento es el bienestar humano, y el ingenio humano es su motor esencial, el empobrecimiento humano no puede ser, ni siquiera transitoriamente, un elemento clave de su dinamismo. Quienes piensan que la “ventaja competitiva” de los “tigres” de Asia se ha sustentado en la represión salarial, parecen desconocer la dinámica social del crecimiento económico acelerado, en sociedades con trabajadores rurales excedentes. En este proceso, el costo al que puede reclutarse una unidad (hora/hombre) de trabajo (urbano/industrial) no calificado, es equivalente al ingreso marginal de una unidad (hora/hombre) de trabajo rural excedente.

No ha habido, históricamente, industrialización ni modernización sin un proceso de migración del campo a la ciudad. Y, por lo general, esta migración moviliza a quienes no encuentran ocupación productiva ni retribución adecuada en el campo y carecen de habilidades y hábitos pertinentes al trabajo industrial y al contexto urbano. En consecuencia, están dispuestos a migrar y ocuparse en el creciente sector industrial, siempre y cuando la retribución obtenida supere marginalmente a la que venían recibiendo en el campo. De esta manera, en el proceso de modernización, el ingreso marginal de los más pobres del campo se constituye en la base real de la distribución de las retribuciones al trabajo ocupado en el creciente sector industrial.

Conforme los trabajadores se integran al sector moderno, su productividad se incrementa, es indispensable, a fin de atraer y retener a los trabajadores y técnicos más diestros y productivos, que su retribución real se incremente en paralelo con su productividad marginal. Así, la dinámica del crecimiento se ve amplificada y fortalecida por el desarrollo de un amplio mercado interno. Esto refuerza el carácter incluyente del crecimiento y lo hace menos vulnerable ante los vaivenes del exterior. En la estrategia de crecimiento del presidente Enrique Peña Nieto, la competitividad ha de sustentarse en la creciente productividad de los trabajadores y no en su empobrecimiento.

Así lo entiende el secretario de Hacienda y Crédito Público, doctor Luis Videgaray Caso, al proponer reformas para, por fin, acabar de transformar a México en una sociedad moderna y justa, donde florezcan la paz social y la democracia. Entre ellas destaca la necesidad de poner al día las normas e instituciones que regulan las relaciones industriales. En tanto que el trabajo asalariado no es ya la única modalidad de asociación entre factores, las leyes deben reconocer y proteger al trabajador en las diversas modalidades de vinculación que se van generalizando, sobre todo en los sectores de vanguardia, como los de la economía digital y la producción de servicios de alto contenido intelectual. A mayor productividad, mayor salario, es una condición clave para un México exitoso y equitativo, con crecimiento y bienestar.

                Twitter: @alzati_phd

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