Innovación, clave del crecimiento

México necesita empresas saludables en industrias con futuro, capaces de adoptar las nuevas fuentes de productividad.

Para Karlita, por su cariño en las horas amargas de dolor.

Es posible elevar la tasa de crecimiento del PIB mexicano, mediante un incremento sustancial en la Inversión Extranjera Directa (IED), que incorpore innovación, a través de la importación de maquinaria y equipo para plantas industriales avanzadas, que se establezcan en México y se orienten a la exportación de bienes manufacturados y/o servicios de alto valor agregado. Hoy, inmersos en los retos que la transformación global nos plantea, los mexicanos tenemos una oportunidad quizás irrepetible para encaminarnos, por fin, a la senda del crecimiento sostenido e incluyente, que nos lleve ya de modo irreversible a la prosperidad democrática.

¿Cómo puede nuestro país hacer realidad esa aspiración por todos compartida? Robert Solow, Premio Nobel de Economía, demostró en su trabajo fundacional de la teoría neoclásica del crecimiento económico, que el crecimiento del PIB per cápita se debe a los incrementos en la productividad y éstos a su vez se originan en lo que Solow llama “el progreso técnico”. Así pues, no hay crecimiento sin incrementos en productividad y éstos no ocurren sin innovación. La destrucción creativa es cada vez más rápida, demoledora, global y socialmente incluyente. Nada ni nadie escapa a los efectos directos e indirectos del cambio tecnológico exponencialmente veloz y acumulativo. Y esto reclaman nuevas instituciones.

Para reiniciar el crecimiento en la economía mexicana, cuyo dinamismo ha sido por años  insuficiente para ocupar productivamente a su fuerza de trabajo, no bastan las inyecciones de recursos financieros que generen incrementos en la demanda agregada. Es indispensable introducir modos innovadores de producción. Con ese fin urge acelerar el despliegue de una política industrial, que nos permita atraer grandes inversiones de contenido innovador y conectarnos con los sectores y las regiones que emergerán como líderes de la siguiente etapa de crecimiento global.

Para facilitar el surgimiento de los ganadores del nuevo juego global se requieren economías dinámicas y evolutivas; redes de conocimiento e innovación; habilidades de negocios interactuando con poblaciones educadas y cultas, plurales, abiertas y bilingües. Para volver a una senda de crecimiento económico y bienestar social generalizado, México necesita empresas saludables en industrias con futuro, capaces de adoptar las nuevas fuentes de productividad.

México ha de comenzar por integrarse en los flujos globales de innovación y conocimiento. Es hora de adoptar el modelo de innovación abierta, que promueve la OCDE, abandonando definitivamente las trasnochadas políticas del “nacionalismo tecnológico”. Hay que atraer y aprovechar las innovaciones desde dondequiera que se generen. Hay que adoptarlas y adaptarlas con ventaja a nuestras condiciones, en particular a nuestra estructura de precios relativos de factores productivos. Esto no hará sino amplificar nuestras ventajas comparativas y competitivas a escala global.

La mayoría de las empresas medianas y pequeñas, que son también las más innovadoras, han de apoyarse en los centros públicos de investigación y las universidades e institutos tecnológicos. Éstos necesitan disponer de una amplia, diversa y creciente base de capacidades que les brinden sustento y capacidad prospectiva. Sólo con mayor inversión pública y privada y una política consistente en materia de ciencia e innovación, México avanzará hacia la prosperidad democrática.

                Twitter: @alzati_phd

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