“¡¡Ya saca las manos Carstens!!”

La persistente apreciación del peso está haciendo aún más difícil poner en marcha una dinámica de crecimiento elevado.

Con todo el respeto que merece el doctor Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, nuestro “banco central” o banco de emisión, me permito solicitarle, a nombre de todos los mexicanos pobres y sin empleo, que ya saque las manos del mercado cambiario y deje de usar nuestras reservas de divisas para “apuntalar” el tipo de cambio. Es urgente permitir que el peso se deprecie, respecto al dólar, lo suficiente para desatar, sin demora, la expansión de los sectores exportadores, entre ellos el de la agricultura campesina de subsistencia. ¿O acaso, Agustín ya volteó la camiseta de Chicago y se convirtió a un intervencionismo trasnochado? Francamente, no lo creo. ¿Qué pensará de esto Francisco Gil Díaz, quien compite con Pedro Aspe Armella por el título de “mejor secretario de Hacienda de México”, excluido José Yves Limantour.

Para rescatar a México del estancamiento y el riesgo de la desintegración nacional se necesitan buenas ideas y oportunidades para convertirlas en innovaciones globalmente exitosas, audacia y espacios para innovar en una sociedad abierta. Para “redistribuir el ingreso”, de manera eficiente y duradera, la única fórmula eficaz es redistribuir las capacidades productivas esenciales, hoy por hoy: educación bilingüe, destrezas digitales, financiamiento y acceso competitivo a internet. Hacer esto, de manera rápida y eficaz, es el primer paso para detonar la reactivación económica y restaurar la integración social duradera. En este contexto, se plantea una pregunta ineludible ¿cuál es el tipo de cambio real de plena ocupación? La persistente apreciación del peso está haciendo aún más difícil poner en marcha en México una dinámica de crecimiento elevado, sostenido e incluyente, al castigar a los sectores exportadores y productores de bienes “comerciables internacionalmente”. Alcanzar y mantener una economía de plena ocupación significa que la política macroeconómica no sólo deberá asegurar la estabilidad, sino que deberá asegurarla de manera congruente con la meta de plena ocupación.

En presencia de un mercado interno deprimido, a consecuencia de muchos años de crecimiento insuficiente, las retribuciones reales al aporte productivo humano y los costos reales de los demás factores productivos deben traducirse en precios reales, que permitan a los bienes y servicios mexicanos competir sin desventaja en los mercados globales. En consecuencia, es indispensable evitar los procesos inflacionarios cuidando, sobre todo, no incurrir en déficits significativos en las finanzas públicas. Sin embargo, es igualmente crucial velar por que la política monetaria sea eficaz para impedir que la acumulación de reservas, necesarias para preservar la estabilidad, y los flujos de inversión foránea, indispensables para mantener el crecimiento, conduzcan a una apreciación excesiva del tipo de cambio real, mermando así la dinámica exportadora e impidiendo la plena ocupación.

Es indispensable que el doctor Carstens saque las manos del mercado cambiario. Las reservas de Banxico no son para eso. Y ya es hora, también, de que los partidos de la izquierda democrática, como Movimiento Ciudadano, dirigido por Dante Delgado, tomen la iniciativa para reformar la legislación relevante, a fin de que el mandato del Banco de México no sea solamente evitar la inflación, sino hacerlo de manera congruente con la meta de pleno empleo y crecimiento de las exportaciones y de la economía nacional.

                Twitter: @alzati_phd

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