México y la nueva relación Cuba-EU
México mantuvo siempre vigentes las relaciones diplomáticas con Cuba...
México jamás abandonó a Cuba. Desde el triunfo de la Revolución Cubana, encabezada por Fidel y Raúl Castro Ruz, Ernesto Che Guevara de la Serna, Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés, Juan Almeida Bosque y José Ramón El Gallego Fernández, entre otros, y a pesar de las presiones de Washington y la OEA, México mantuvo siempre vigentes las relaciones diplomáticas con Cuba y una política activa de solidaridad.
Me enorgullece haber participado en ella de manera activa, cuando como cabeza de la delegación mexicana a la reunión preparatoria celebrada en 1977, del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Cuba, que tuvo lugar en 1978, formé parte de una brigada de trabajo voluntario en el complejo lechero de Valle de Picadura.
Y de nueva cuenta en el periodo 1989-1994, cuando, al designarme director general del Conacyt, el entonces presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, me instruyó expresamente a fortalecer nuestros vínculos de cooperación científica y tecnológica con Cuba, sin escatimar, me dijo, recursos ni esfuerzos. Esta política rindió frutos valiosos, de los que ambas naciones pueden hoy enorgullecerse.
Ahora escribo esta columna teniendo a la vista el video del encuentro histórico entre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el presidente del Consejo de Estado y de Ministros de la República de Cuba, general de Ejército, Raúl Castro Ruz. Se dan un fuerte pero sobrio apretón de manos, sincero, pero no efusivo, mientras se miran breve, pero fijamente a los ojos. Una imagen de gran significado histórico. Impensable hace apenas unos meses. Pero, más allá del beneplácito, este acontecimiento obliga a reflexionar con la mayor seriedad en torno a sus implicaciones para la política exterior de México. Por principio, el contrapeso que por medio siglo nos brindó Cuba frente a la hegemonía continental y global, amistosa pero implacable, de Estados Unidos, va a erosionarse rápidamente hasta desaparecer.
Más allá de la retórica, la postura diplomática de La Habana respecto a México, y el resto de América Latina, se verá gradual, pero irreversiblemente modificada ante la apertura de intercambios comerciales, el arribo diario de vuelos con cientos de turistas cargados de dólares, aunados a la inmemorial y profunda admiración y emulación de los cubanos a todo lo que venga de Estados Unidos, sin olvidar que no hay cubano que no tenga un primo o una tía en Miami. Esto va a requerir una cuidadosa y bien informada reflexión del presidente Enrique Peña Nieto. Quizá, más allá de llamar a consultas a nuestro embajador en Cuba, Juan José Bremer, diplomático de primer nivel, quien, sin duda, tendrá luces y datos que aportar, el canciller José Antonio Meade Kuribreña debería convocar a un grupo de mexicanos conocedores de Cuba para elaborar un reporte a este respecto.
Yo me sentiría muy honrado y dispuesto a participar. Sin duda nadie mejor que Heriberto Galindo Quiñones para encabezar el esfuerzo. Celso Humberto Delgado Ramírez, Ignacio Ovalle Fernández, Beatriz Paredes Rangel, Claude Heller Rouassant, Pedro Joaquín Coldwell, Ricardo Pascoe Pierce, Roberta Lajous Vargas, Gabriel Jiménez Remus, Ildefonso Guajardo Zorrilla, Jaime Torres Escuen, Roberto y Daniel Servitje, Fernando A. González y Enrique de la Madrid Cordero, entre otros, pueden integrar un grupo de análisis más que idóneo.
El temor a las represalias derivadas del embargo de Estados Unidos hacia Cuba ha impedido que los empresarios mexicanos miren con interés las ricas oportunidades de inversión e intercambio que ofrece la isla. Tiene una población pequeña, comparada con la mexicana y todavía mayoritariamente pobre, pero con altos estándares educativos, disciplinada y deseosa de mejorar rápidamente su nivel de vida. Al embargo le queda ya poco, y México debe prepararse para aprovechar esta oportunidad irrepetible.
Twitter: @alzati_phd
