Es suicida posponer los cambios
México sufre violencia y deterioro institucional a causa de un crecimiento económico insuficiente para eliminar la subocupación y la pobreza...
Al presidente Enrique Peña Nieto le urge un secretario de Hacienda capaz de poner en marcha el crecimiento. La única salida para México hoy es el crecimiento. México sufre violencia y deterioro institucional a causa de un crecimiento económico insuficiente para eliminar la subocupación y la pobreza extrema y, en particular, de regiones severamente deprimidas desde hace siglos. La tarea más urgente para el gobierno es atraer flujos masivos de inversión extranjera directa, que traigan consigo innovaciones capaces de generar nuevos sectores e industrias con potencial para incrementar la productividad y el dinamismo de cadenas productivas y regiones enteras. O bien, de reactivar industrias y regiones estancadas por haberse aislado de la dinámica competitiva global, como las de Guerrero, Oaxaca, Tamaulipas, Michoacán, etc., que hoy han cobrado notoriedad.
Los flujos deben venir de fuera o carecerán del componente innovador indispensable para modificar el “equilibrio estancado” de una economía que sistemáticamente condena década tras década a una parte de la fuerza laboral a la subocupación. El crecimiento económico de México se ha mantenido por debajo de su potencial. Esto ha sido un factor decisivo en la acumulación de rezagos sociales que contribuyen a la inseguridad y la violencia.
Ya no hay tiempo que perder. La “estrategia” de “esperar a que pasen las elecciones del 7 de junio para hacer los cambios” es suicida y refleja una peligrosísima miopía política. A nadie le conviene un Presidente de la República débil, ni siquiera a la oposición “institucional”. Los que apuestan a su derrumbe están por el salto al vacío y la sinrazón del rumbo de la nación. Es tiempo de dar un verdadero golpe de timón que convenza y que no deje lugar a dudas. Una estrategia eficaz para recobrar el crecimiento sostenido y rápido habrá de ser necesariamente el resultado de un vasto proceso político de construcción de consensos. Es por tal razón indispensable que de las elecciones de 2015 resulten gobiernos estatales y una Cámara de Diputados federal con legitimidad y amplios márgenes de maniobra.
Sólo la restauración de la concordia nacional y gobiernos legítimos y con amplio sustento democrático permitirán a México recuperar el crecimiento y la esperanza. Sobre todo en las regiones y municipios más afectados por la presencia del crimen organizado, con todas sus secuelas de corrupción y violencia. Por eso, tan urgente como reestructurar a fondo el aparato nacional de seguridad y depurar a los tres niveles de gobierno de la influencia criminal corruptora, es poner en marcha la dinámica del crecimiento acelerado.
El 2015 debe pasar a nuestra historia como el inicio de una nueva era de crecimiento y progreso. Las condiciones están dadas. Falta que la inversión llegue a las zonas donde impera la marginación. Llevemos ahí la infraestructura y la capacitación necesarias para atraer a la industria. Las demandas de paz y prosperidad serán el hilo conductor del proceso electoral. Los mexicanos queremos paz. Una paz con la vista puesta en el porvenir de ésta la única Patria que tenemos. Una paz garantizada por un Estado que despliegue ya políticas públicas y proyectos que nos devuelvan a todos los mexicanos un horizonte de progreso y bienestar.
Mientras el gobierno mexicano siga protegiendo o respetando a los oligopolios privados que mantienen estancados a los sectores e industrias con mayor potencial de innovación y crecimiento, el crecimiento del PIB per cápita será mediocre. En cambio, si el gobierno se concentra y activa decididamente en atraer la inversión innovadora y en abrir oportunidades de educación media superior y superior de calidad a quienes hoy se quedan sin ella, pronto alcanzará tasas de crecimiento suficientes para erradicar la pobreza. Lo que México anhela es recobrar la armonía para poder volver a prosperar en paz y libertad.
Twitter: @alzati_phd
