¿Estamos en peligro de extinción?
Las energías basadas en la extracción de recursos fósiles tienen ya que ser combinadas y reemplazadas por energías originadas en fuentes inagotables.
En el principio de la agricultura los seres humanos agrupados en familias, nucleares o extensas, eran casi autosuficientes. En la parcela familiar producían los alimentos, vestidos, artefactos y utensilios que necesitaban para su vida. Les bastaban la luz del sol y el agua del arroyo vecino para producir todo lo necesario para su vida. Pero el avance del conocimiento fue haciendo más y más compleja la organización social y económica requerida para la satisfacción de esas necesidades. Esa creciente complejidad implicó, entre otras cosas, la extensión paulatina de aquella primitiva parcela productiva y de consumo. Primero a escala regional, luego nacional y, actualmente, mundial. Complejidad y extensión cuyos beneficios principales fueron una mejor alimentación y salud, lo que produjo una gran explosión demográfica, mayor esperanza de vida al nacer y un mayor nivel de vida.
Pero ese mayor nivel de vida y consumo de gran parte de la humanidad tiene varios requisitos y un alto costo. Entre los requisitos están los siguientes: que se difunda por todo el globo un enorme volumen de alimentos, vestidos, bienes y servicios de uso individual y colectivo; equipos para el hogar, el trabajo y la protección de la salud; materias primas y recursos naturales para la producción de todo lo anterior, etc. Esa gigantesca transferencia de objetos requiere de miles de millones de personas que los conciban, diseñen e inventen, planifiquen su producción, los materialicen, etc., así como otros tantos que administren todo el proceso. Además hay que educar y capacitar a los miles de millones que se encargarán de reproducir todos los procesos en el futuro. Todos esos miles de millones de personas deben estar comunicados entre sí. Y para poder trabajar de manera eficiente deben disponer de tiempo para aprender, cultivar su mente y su espíritu y descansar.
El insumo esencial para que todo esto sea posible es la energía eléctrica, la cual no es mayormente almacenable, de manera que se tiene que generar y consumir inmediatamente; y para producirla se requiere, actualmente, de carbón, petróleo, gas natural, agua, viento, sol, movimiento de las olas, algunos productos agrícolas y elementos químicos.
Otro insumo básico es el agua y, de preferencia, potable. Todos los procesos producen desechos, los cuales hay que desalojar y eliminar de manera que no sean nocivos. Y estamos refiriéndonos a las necesidades de más de siete mil millones de personas, por lo cual todos los recursos indicados en el párrafo anterior deben producirse en cifras correspondientes. Toda esa producción en cantidades casi incalculables debe desarrollarse 24 horas al día, 365 días al año, sin pausa ni descanso. ¿Cómo es posible hacerlo? Construyendo grandes obras de infraestructura física para suministrar la energía, agua potable y disposición de los desechos. Cada una de aquéllas tiene una gran envergadura y complejidad desde la fase de su planificación, luego en la construcción y en su funcionamiento. Algunas de ellas involucran otras actividades complementarias y subsidiarias.
Ahora bien, la población y sus demandas crecen de manera exponencial y la demanda de tierra, recursos e infraestructura también. Pero la superficie de la tierra es finita y sus recursos también lo son, además de que el sistema natural tiene un equilibrio frágil y vulnerable. Las energías basadas en la extracción de recursos fósiles tienen ya que ser combinadas y reemplazadas por energías originadas en fuentes potencialmente inagotables: cósmicas, atmosféricas o biológicas, de más baja entropía. De otro modo, ¿cómo evitar que tarde o temprano se rompa el equilibrio natural y se agoten la tierra y los recursos, con la obvia consecuencia del descalabro de toda la humanidad, incluso de su misma desaparición? Dicho en otras palabras, ¿estamos ya en peligro de extinción? ¿Es esto reversible todavía? Más nos vale.
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