“Diciembre negro”
En 2015 las finanzas públicas amortiguarán el desplome de los precios internacionales del crudo.
Diciembre negro. Negro, como el luto que ensombrece nuestro ánimo ante el atroz asesinato de 43 jóvenes estudiantes. Negro, como el oro líquido de nuestros diabólicos veneros. En 2015 las finanzas públicas amortiguarán el desplome de los precios internacionales del crudo gracias a la prudencia mostrada por el gobierno de Enrique Peña Nieto al adquirir a tiempo las coberturas financieras adecuadas. Pero ya en 2016 el único amortiguador posible habrá de ser un incremento sustancial en la producción y exportación de hidrocarburos. Me explico: el precio del petróleo no volverá a sus niveles reales anteriores en al menos un lustro o más. Arabia Saudita posee las mayores reservas petroleras del planeta y la capacidad de aumentar o reducir su producción lo suficiente para llevar el precio global del crudo al nivel que mejor convenga a sus intereses. Es el swing producer o productor de ajuste y como tal puede fijar el precio mundial. Ali-al-Naimi, ministro saudita del petróleo, ha declarado al Middle East Economic Survey que su país, cabeza del Islam sunita y sede de la Meca sagrada, no está ahora dispuesto a reducir su producción y sus exportaciones “aunque el precio del barril se caiga a 20 dólares”. Su objetivo es sacar del mercado la producción de Irán para restar poder en el Islam a su rival shiita y del paso reducir la rentabilidad de las inversiones en la producción de crudo y gas por fracking o fracturación en Texas y otras latitudes de Estados Unidos. Obama no es Bush y los intereses texanos le importan mucho menos que el efecto de la gasolina barata en la reactivación económica de su país.
Para México se abre la posibilidad de convertirse en una verdadera potencia petrolera al recuperar y superar los máximos alcanzados por nuestra producción y exportación de hidrocarburos. Urge configurar las alianzas y adquirir las tecnologías y los capitales que, compartiendo el riesgo de emprendimientos formidables, nos permitan llevar al mercado global los hidrocarburos de nuestras reservas de aguas profundas. Se necesitan destrezas tecnológicas avanzadas y miles de millones de dólares, dado que las mayores reservas están en aguas profundas del Golfo de México.
Además, no conviene que México asuma por sí sólo los inmensos riesgos asociados a una operación de tal envergadura, complejidades e incertidumbres. Piénsese tan sólo en la catástrofe nacional que confrontaríamos si México tuviera que hacer frente por sí solo a las reparaciones de daños resultantes del descontrol de un pozo en aguas profundas del Golfo de México, como le ocurrió a BP. La coyuntura obliga al mundo entero a localizar y desarrollar nuevas fuentes de suministro de crudo y ofrece a México una singular oportunidad para iniciar, desde el potencial de sus aguas profundas, su reposicionamiento estratégico como potencia energética global.
El pleno desarrollo de la industria petrolera mexicana no podrá ocurrir mientras no se encuentren las fórmulas y se logren los consensos para liberarla de su principal limitación. Esa limitación formidable consiste en persistir en la decisión de mantener a Pemex como la única empresa petrolera totalmente integrada que en el mundo entero produce y procesa petróleo en un sólo país. Ha llegado la hora de internacionalizar a Pemex, encontrando las fórmulas que le permitan salir a producir petróleo más allá de las fronteras de México. El futuro de Pemex es transformarse en una multinacional petrolera capaz, por ejemplo, de competir con BP a escala global. A México le ha llegado la oportunidad de convertirse en una potencia petrolera de alcance mundial, de ser un país líder en la geopolítica global del petróleo. Comenzando ya hoy, en este diciembre negro.
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