Le toca el turno a la vida
2015 debe ser el año en que México se vierta hacia la construcción firme e irreversible del porvenir de paz y prosperidad que hemos anhelado siempre. Inauguremos ya una nueva era de esperanza, trabajo, creatividad y bienestar. Se puede lograr con más inversión extranjera.
Hay ya datos suficientes para asumir, con más probabilidad de acierto que de error, que los infortunados 43 normalistas de Ayotzinapa están muertos, sus cadáveres incinerados en un basurero y sus cenizas dispersadas en la corriente de un río. Me uno al indescriptible dolor de sus familiares y amigos. Reclamo justo castigo para sus victimarios y lloro por ellos junto con todos los jóvenes que en México y el mundo alzan su voz de indignación y dolor. Estos muertos se suman a los incontables inocentes sacrificados en esta tierra donde la crueldad ha sido hace mucho elevada a virtud: desde los ofrendados a Huitzilopochtli, los torturados y quemados vivos en la plaza pública por la “santa” inquisición, ante el fervor de morbosas muchedumbres cómplices; los que mi general Pancho Villa mataba “en caliente”; los del 2 de octubre del 1968 y los del 10 de junio de 1970, y los tantos que a diario mueren o viven vidas de muerte por el hambre y la desnutrición, la miseria y la ignorancia, la ausencia de oportunidades de ocupación productiva y remunerada, los acosados por los desalmados cacicazgos de “señores” de la amapola, la mariguana, las rutas de la coca, etcétera, y sus sicarios; sin olvidar a los tantos caciquillos que mediante el terror cotidiano se apoderan de la tierra y el agua, las hijas y las mujeres de los pobres de un México rural de pesadilla.
El Presidente de la República debería ya tomar el liderazgo para poner fin a tanta necrofilia. Si con valor y sinceridad se atreve a declarar, de cara a la nación y al mundo, legalmente muertos a los 43 normalistas de Ayotzinapa, recobrará su cabal prestigio. Es hora de decretar una semana de luto nacional para que, una vez pasadas las fiestas de la Navidad y el fin de año, todos los mexicanos lloremos a estos y a todos los muertos inocentes de nuestra historia ensangrentada. Habrá que erigirles un gran monumento en Reforma o Insurgentes que, como el Monumento al Soldado Desconocido en Washington, catalice el dolor, lo aloje en la memoria y permita dar paso a una nueva era de vida y vitalidad. Lo mismo habrá de hacerse en cada estado y municipio. Como símbolos de que el pueblo no va ya a tolerar más violencia y terror, más crímenes gratuitos. Basta de muerte y de miedo. Le toca el turno a la vida.
El 2015 debe ser el año en que México se vierta hacia la construcción firme e irreversible del porvenir de paz y prosperidad compartida que hemos anhelado siempre. Inauguremos ya una nueva era de esperanza, trabajo, creatividad y bienestar. Se puede lograr con más inversión extranjera innovadora, como la que, a pesar de todo, acaba de inyectar General Motors a nuestra pujante y creciente industria automotriz de exportación. Se puede lograr con más y más agresiva e innovadora inversión en el desarrollo de nuevos yacimientos petroleros en aguas someras y profundas. En el año 2015, las finanzas públicas amortiguarán el desplome de los precios internacionales del crudo gracias a la prudencia mostrada por el gobierno de Enrique Peña Nieto al adquirir a tiempo las coberturas financieras adecuadas. Pero ya en el 2016, el único amortiguador posible habrá de ser un incremento sustancial en la producción y exportación de hidrocarburos. Los petroprecios no volverán a sus niveles reales anteriores en al menos un lustro o más. Y las empresas privadas, sobre todo las manufactureras de exportación, punta de lanza del crecimiento y la ocupación productiva, no aguantan más impuestos.
El 2015 tiene que ser el año que pase a nuestra historia como el del inicio de una nueva era de crecimiento y progreso. Las condiciones están dadas. Falta aterrizar las reformas estructurales y que la inversión extranjera directa integre la dimensión regional. Llevemos ahí a las zonas donde imperan la marginación, la infraestructura y la capacitación necesarias para atraer a la industria. En México le toca el turno a la vida.
Twitter: @alzati_phd
